“En Jesús resucitado está la luz y la verdad”

By 15 de abril de 2021737, Entrevista

«En Jesús resucitado está la luz y la verdad»

Nos acercamos a un relato espeluznante, destrozar a un ser humano. Esta terrible escena se producía cada día ante los ojos de María en el abortorio de una clínica privada, allí trabajaba como enfermera. Un día se quedó paralizada ante un pie de menos de un centímetro y alguien le dijo que eso no era un pie, que era un coágulo. Estamos ahora ante una mujer que ha hecho de su vida un canto de amor a Cristo y su Iglesia. Le pudo costar la vida y ahora la regala por todo el mundo con charlas, prestando su testimonio a muchos de nosotros. En Córdoba estará el día 23 de abril en el Palacio Episcopal, a partir de las 17:45, en el marco de la convivencia de la Pastoral de la Salud, y en la parroquia de San Mateo Apóstol de Lucena el día 24 de abril, a las seis de la tarde. Un día más tarde recalará en Priego de Córdoba en la parroquia de la Santísima Trinidad

En alguna ocasión has dicho que el mal es siempre más atractivo y fácil, no es exigente, anhelando la felicidad nos da la mano con facilidad. Esta es una frase tuya extraída de un tiempo en que tu vida estaba caminando por un camino que no te proporcionaba ni paz ni alegría ¿cómo era tu vida, tu trabajo de enfermera, tu familia de aquellos años?

En ese momento, no solamente cuando trabajaba en la clínica, en el abortorio, sino todo lo que fue después de la mano del mal, gocé de todas las aparentes delicias que al principio suenan bien y que Satanás se encarga de saciarnos de ellas para que le adoremos y nos sometamos a él. Nos ensordece, nos ciega, nos anula y roba de nosotros eso que nos caracteriza desde el inicio de la eternidad que es que somos imagen y semejanza de Dios.

Mi vida estaba colmada de todo lo que el mundo dice que necesitas para ser feliz, con cosas materiales, todas esas en las que ponemos todo nuestro afán de cada día a través del trabajo, del que buscamos riqueza para luego seguir complaciéndonos a nosotros mismos, nuestro yo, nuestro ego, la avaricia, la codicia, el egoísmo, donde por lo tanto muere el amor, el amor por los demás, donde está la verdadera felicidad. Muere también la fe y empezamos a vivir de espaldas a Dios y en ese afán de tener cosas yo tuve muchas, casi todas las del mundo. Eso acaba dando el verdadero fruto. La insatisfacción trae desesperanza, trae deseos de muerte porque no nos vemos llenados de eso que habían prometido.

Trae esa desesperanza que está llevando al suicido a muchas personas que aparentemente tienen todo, lo vemos cada día, personas famosas de todo el mundo, que aparentemente tienen todo y tienen éxito en la vida, dinero, amigos, y no tienen nada, como yo tuve que descubrir que no tenía nada porque no tenía a Dios, porque no tenía una fe que me da esperanza y no tenía el amor verdadero.

Hay un vacío terrible ahora mismo en el mundo, es en el que yo viví, donde no hay paz y no hay un futuro. Se mira al futuro y no hay nada, hay una gran desolación. Hay mucho sufrimiento que no se entiende y

no se puede soportar porque si no se abraza la cruz de Jesucristo es insoportable. Por eso este mundo se está haciendo para muchos hermanos insoportable, no hay luz y no se entiende porque no se contempla el sacrificio del amor que nos reporta la verdadera felicidad y la confianza. Por eso no pararé, allí donde se me abra una puerta y pueda entrar para decir al mundo entero que nuestros ojos tienen que volver a estar puestos en Dios, que Dios existe, está más vivo que nunca, que ha resucitado y está a nuestro lado, que es todo misericordia, bondad, amor, ternura, porque eso es lo que necesita escuchar el mundo que se ha vuelto tan cruel con nosotros mismos.

Eso es lo que no voy a parar de decir y lo haré desde el testimonio de mi vida pasada, lo que fui cuando fui Amaya, y de lo que soy ahora por la gracia de Dios, que vino a salvarme y está dispuesto a venir por cada uno de sus hijos. Solamente les recuerdo lo que son, hermosos y amados hijos de Dios, que el camino del bien está ahí puesto para que se vuelva a decir que sí, que estamos a tiempo de cogerlo, que ahí está la esperanza, habita nuestro gozo, el que nos hace sonreír cada mañana, independientemente de las circunstancias de nuestras vidas. Ahí está la luz y la verdad.

María tu tenías un trabajo como enfermera, cotizada, muy amparada por tus jefes, muy válida en tu trabajo. Te hiciste después fisioterapeuta con matrícula de honor pero te seguía doliendo el alma. ¿Ese proceso es tan doloroso cómo tu cuentas?

Me seguía doliendo el alma y cada vez me gritaba más el alma con más dolor. Muchas personas cuando escuchan mi testimonio en el mundo entero, porque las redes sociales no pertenecen solo a Satanás, también pertenecen a Dios, se ponen en contacto conmigo porque tienen el mismo dolor. Es así de terrible, lo que pasa es que muchas veces por ignorancia o falta de conocimiento, o porque no tienen a las personas adecuadas alrededor porque el demonio se encarga de aislarlos, no pueden compartir ese dolor. Es el grito desesperado del alma que se siente en descomunión con Dios, eso es el infierno.

En Nepal te encontraste con Jesús a través de las Hijas de la Caridad, ellas rezaban por una fisioterapeuta voluntaria y tú te hiciste allí a la vida nueva. Antes habías rechazado todo lo relativo a la Iglesia ¿cómo puedes describir esta conversión?

Brutal. El encuentro íntimo y personal con el Resucitado te transforma y eso es lo que sucedió en aquella capilla con las Misioneras de la Caridad. Es la luz del Resucitado lo que vino a mí, lo que hace posible que traspase todas tus oscuridades, todas tus inmundicias, porque estás muerta a la gracia. Ese fue mi encuentro con el Resucitado, porque Dios lo quiso así, pero hay muchos caminos que Él da para encontrarle. Que la gente no desespere, a veces nos lo encontramos en la eucaristía, leyendo las sagradas escrituras, escuchando a un sacerdote. Nos encontramos con Jesús resucitado en los sacramentos, en la confesión, en un Padre Nuestro hecho con el corazón, en la palabra de un hermano que viene a consolarnos, en otro hermano que le miramos, que es pobre. Nos encontramos con Jesús resucitado en cada día si somos capaces de abrirle los ojos.