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“Para la Iglesia el trabajo es fundamental en la vida de las personas”

By 2 de septiembre de 2021752, Entrevista

Juan Francisco Garrido es el nuevo director del Secretariado diocesano para la Pastoral del Trabajo. Su nombramiento se hizo público el pasado mes de junio y desde entonces su labor le ha llevado a conocer a personas en dificultades laborales. Es Maestro de Infantil en Cabra y desde pequeño formó parte del Movimiento Infantil Junior de Acción Católica. Siempre ha estado en la Iglesia. Desde su parroquia de San Vicente Ferrer, en el barrio de Cañero, ha podido prestar su servicio en la HOAC.

¿Qué implica ser responsable del Secretariado diocesano para la Pastoral del Trabajo?

Por la experiencia que he visto de otros compañeros, implica hacer presente a la Iglesia Diocesana a través de nuestro Obispo, las realidades del mundo del trabajo, realidades precarias muchas de ellas; y también, hacer presente la esperanza del mundo del trabajo al interior de la Iglesia, porque creo que ese puente entre la Iglesia y el mundo del trabajo es fundamental. El mundo del trabajo tiene que conocer la suerte que es tener a Jesucristo y lo que implica de liberación y salvación.

¿A qué retos se enfrenta el mundo del trabajo?

El mundo del trabajo hoy por hoy está viviendo una situación preocupante. La pandemia ha acelerado muchos de sus procesos, pero el mundo del trabajo viene sufriendo desde hace ya décadas una precarización importante. El trabajo y el trabajador o trabajadora no se pueden separar. Cuando se precariza las condiciones de trabajo, lo que se precariza es la vida de los trabajadores y la de sus familias. Yo creo que ahí se presenta un reto importante porque si lo analizamos bien  la situación de empobrecimiento que vive la sociedad está muy vinculada a cómo se concibe y cómo se organiza el trabajo.

Por ello, creo que los retos son importantes, importantes también para la Iglesia, porque para ella una preocupación fundamental es la vida de las personas y el trabajo es una dimensión fundamental para la realización de las personas. Cuando se convierte en empleo, se precariza, lo que vamos robando, como dice el Papa Francisco, es la dignidad de esas personas. Por lo tanto es una dimensión muy importante.

La pandemia se ha convertido en un acelerador de muchos de los procesos y situaciones que ya veníamos viviendo y ha supuesto un impulso enorme para todos los procesos de digitalización y esa digitalización tiene muchas consecuencias para el mundo del trabajo.

¿Cómo podemos resumir esa mirada que la Iglesia tiene, sobre todo, a las personas sin trabajo?

Una mirada de una profunda preocupación y al mismo tiempo de una profunda cercanía. Yo creo que hay una gran preocupación en la Iglesia por las personas para que puedan desarrollar nuestra vocación a la comunión y al amor. Somos imagen de Dios y Dios es amor y comunión en libertad. Por ello, para la Iglesia es fundamental que las personas podamos desarrollar esa vocación a la comunión y el trabajo es una dimensión fundamental de la vida de las personas para que puedan desarrollarse como tales, puedan insertarse socialmente o puedan formar una familia. Cuando esa dimensión del trabajo, concretamente del empleo, se limita, se está limitando elementos fundamentales para la vida de la gente y la Iglesia en esto tiene una mirada de cercanía y de acompañamiento en estas personas.

La Iglesia tiene puesta en marcha a través de Cáritas y de la vida de las parroquias toda una atención a mucha gente que lo está pasando verdaderamente mal cuando se quedan sin trabajo, muchas familias.

Otra dimensión de la Iglesia es la caridad. Hay que ayudar a que esas personas puedan promocionar y puedan seguir ganándose la vida con su trabajo. Pero sobre todo, tiene una dimensión que el Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti nos recuerda, y es la caridad política. Tan importante es eso que estamos haciendo como crear las condiciones para que cambie la realidad, la cultura a nivel de normas, de organización social, para que realmente la persona esté en el centro del trabajo. Yo creo que hemos invertido en nuestra sociedad los papeles, en lugar de estar la economía al servicio de las personas, hemos terminado poniendo las personas al servicio de la economía. Yo creo que en esto la Iglesia tiene que hacer una denuncia profética y lo hace y tiene al mismo tiempo que animar a los cristianos a implicarse en donde se toman decisiones y se construye una organización social distinta puesto que es fundamental para atender el problema del desempleo.

Desde tu nombramiento, ya has tenido contacto con personas que tienen problemas de desempleo, ¿has hecho un análisis del impacto que tiene el desempleo en la vida de las personas?

Desde la experiencia he podido ver lo que supone ya que lo he vivido a nivel personal, en mi entorno y en sectores donde las personas no han perdido el trabajo, sino que como dice el Papa Francisco, “están descartados” del trabajo. En Córdoba, en un estudio reciente apareció que cinco de los barrios más empobrecidos de España estaban en Córdoba. Esto quiere decir que hay zonas donde viven trabajadores y trabajadoras que ya son excluidos del mercado del trabajo y esta repercusión es muy importante; esto afecta a la vida de la persona, porque cuando no tiene empleo se vive un drama personal y familiar muy grande. Por eso, el trabajo tiene que ser una preocupación nuclear para la vida de la Iglesia.

Has destacado anteriormente que debe ser la economía la que esté al servicio de las personas, ¿piensas en un cambio de paradigma? ¿Cuál sería?

El Papa Francisco ha reiterado que necesitamos un cambio de paradigma. Tenemos una economía que mata, dice el Papa, ya que en la manera de organizar nuestra sociedad no está el ser humano ni la persona. Por ello, necesitamos un nuevo paradigma, una nueva forma de entender la sociedad que ponga la persona en el centro. Probablemente la mayor negación de Dios en nuestra sociedad es la existencia de los empobrecidos y esa es la gran preocupación para nosotros.

No tenemos un paradigma hacia dónde caminar pero sí un instrumento clave que es la Doctrina Social de la Iglesia, desconocida para muchos y, sin embargo, es la que nos aporta principios de reflexión, criterios de juicio, orientaciones para la acción y para nuestra vida, pero no la conocemos. En este sentido, es una de las tareas del Secretariado de la Pastoral del Trabajo, dar a conocer la Doctrina Social de la Iglesia, pero no sólo de manera intelectual, sino haciéndola operativa en nuestra vida.

¿De qué hablamos cuando decimos “humanizar el trabajo”?

Hablamos de poner a la persona en el centro del trabajo y eso supone construir un trabajo decente, que posibilite la vida de las personas y sus derechos. Humanizar el trabajo es poner a la persona en el centro de las relaciones laborales y económicas.

No humanizar el trabajo es perder la vida en el trabajo o sufrir accidentes graves en el trabajo. Esto además supone un sufrimiento grande para las familias.

El mundo del trabajo en la era digital ha cambiado extensiblemente, sobre todo después de la pandemia, se ha impuesto el teletrabajo en muchos centros, esto ¿perjudica o beneficia?

Realmente se está produciendo una nueva revolución tecnológica y lo que estamos percibiendo es que más allá de lo que pueda suponer el uso de esa tecnología, se está configurando un uso de relaciones totalmente distintas y una desvinculación social importante.

Esto esta generando una antropología, una manera de ser persona, con algunos aspectos positivos y otros muy negativos, pues genera un individualismo, la pérdida de tiempos humanos para la reflexión o el encuentro; la tecnología lleva una velocidad que rompe los tiempos de las personas y las personas necesitan tiempo de silencio, de reflexión y de formación.

La Doctrina Social de la Iglesia aporta esa antropología que puede estar generando esta digitalización. El teletrabajo, por ejemplo, puede facilitar la vida de los trabajadores, puede ser un medio de conciliación entre la vida familiar y laboral, pero también puede hacernos supeditar la vida familiar a la producción, pues en muchos casos nos lleva a estar más tiempo trabajando de lo habitual, a deshoras, y ese tiempo se lo quitamos a los hijos que precisamente es eso lo que más necesitan de sus padres. Por otro lado, el trabajo es un medio de vinculación social importante. Trabajar no es solamente producir en la empresa, sino que genera comunión. Por tanto, el teletrabajo y la digitalización pueden ser tan positivos como negativos.

Por último, ¿qué supone su vida de fe en este momento en el que asume esta responsabilidad?

Mi vida de fe no la puedo separar de mi vida y en el aspecto del trabajo, siempre he vivido la fe y la justicia desde muy pequeño. He tenido la suerte de vivir en el barrio de Cañero, entrar en contacto con el Movimiento Junior de Acción Católica, mantener una gran relación con los sacerdotes y sentir la experiencia de un Dios que es amor.

La fe no son cargas pesadas que caen sobre nuestras espaldas, sino un elemento liberador para las personas que te vincula con los otros a crear comunidad. Y es que la fe o la vives comunitariamente, viendo a la gente que peor lo está pasando, o no es la fe en el Dios de Jesucristo. Esa es la experiencia que yo he tenido.