El Adviento no se detiene

By 27 de noviembre de 2020718, Iglesia Diocesana

Ha llegado el tiempo de Navidad. Recibimos el Adviento en medio de la restricción sanitaria y la duda, el dolor y la incertidumbre que podrían apartarnos de la certeza de una Navidad plena. Hay mucha acción interior en cada uno de nosotros, también para este momento que pensábamos dinámico en lo externo, como cada año.

Para muchas familias, la pandemia ha detenido el proyecto de unión y encuentro al encontrar en kilómetros de distancia un muro imposible para la reunión. Mientras para otras, el fin de una cuarentena sanitaria coincide con el
principio de la espera, ilusión y esperanza que significa el nacimiento de Jesús.

Es el caso de la familia Sánchez-Montilla feligresa de la parroquia de San Andrés Apóstol de Córdoba. Una familia numerosa de tres hijos de dieciséis, dieciocho y veinte años. Hace unos días “muchas de nuestras actividades se detuvieron pero nosotros seguimos adelante porque la vida de un cristiano no se detiene”, anuncian con el dinamismo de vidas que trascienden a las dificultades por la fe.

Este tiempo previo a la llegada del Adviento siempre había sido distinta, un momento de la vida familiar ajetreado “y llena de ocupaciones”, que se vio alterado por el confinamiento cuando “el virus decidió visitar nuestra casa”. Este tiempo de reclusión forzosa ha sido muy positivo para todos ellos. Cuentan que esta situación les ha ofrecido detenerse para “tener momentos de silencio y meditación personal y prepararnos con mayor profundidad ante la venida de Jesús”.

En este recogimiento, “cada uno de nosotros ha podido valorar con mayor sensibilidad la empatía, el respeto, la fuerza de la fe ante el miedo, el sufrimiento, la dificultad y, sobretodo, la necesidad de unión entre nosotros y con las personas de nuestro alrededor a las que queremos y agradecemos todo su pensamiento y oración que en estos días nos han dedicado”.

Tiempo de acción en el aislamiento

Este tiempo de Adviento comienza para la familia Sánchez-Montilla “siendo más conscientes de la grandeza de Jesús y de la importancia que tiene el amarnos unos a los otros”, una consciencia que abarca a la comunidad parroquial a la que pertenecen y sin separarse nunca de la Iglesia, “ya que, aunque hayamos estado físicamente separados de nuestra parroquia, no hemos dudado en seguir en contacto y colaborando en ella porque Dios es imparable”.

Al final de la cuarentena, reconocen que “hemos aprovechado esta ocasión para madurar en nuestra fe y aprender a disfrutar mejor y con mayor profundidad de estos días de reflexión, de paciencia, de confianza y de alegría ante la venida del Redentor”. Por eso, no dudan en animar a todas las familias a vivir estos días con confianza plena en que “todas las dificultades que se presenten no son un obstáculo en nuestra relación con Dios, sino una oportunidad para caminar de su mano y crecer en la fe”.

Hacia el encuentro con el Señor

Un nuevo adviento esta por comenzar, parece que el año que comenzábamos con ilusión y alegría va terminando dejando atrás situaciones confinamientos momentos de miedo incertidumbre desilusión y desesperanza. Parece que llegar hasta la Solemnidad de Cristo Rey nos ha venido pesando mas que otros años y que lo que esta por venir… como que se nos presenta lleno de densos nubarrones que no nos permiten vislumbrar un futuro inmediato mejor. Tenemos muchos la sensación de vivir un Adviento lleno de situaciones anómalas, sin la luz y el brillo de años anteriores sin los reencuentros que en veces pasadas tanto disfrutamos o incluso sin algún ser querido que ocupase nuestro tiempo y nuestra mesa.

Pero ante todo esto, debemos levantar nuestra mirada al cielo y decir con la liturgia clásica , con su antífona de entrada , Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo, ábrase la tierra y brote al Salvador (cf. Is 45,8). Este año, sin lugar a dudas, estamos llamados a vivir el verdadero Adviento. El que vivió la Sagrada Familia en su caminar hasta Belén. ¿Nos imaginamos el primer adviento llenas las calles de Nazaret y Belén de luces y reuniones familiares, de ruido y cantos,  de comidas de reencuentro de amigos? Seguramente no , María y José prepararían el camino del Señor en el silencio de su hogar en la intimidad de la oración doméstica y en el peregrinar de su Corazón hasta el verdadero Encuentro satisfactorio y gratificante, el Encuentro con el Señor en la Noche Buena.

Arranquemos nuestro tiempo sacando de nuestro corazón la desesperanza el desánimo y la monotonía, pidamos que sea el Señor el que se derrame y brotará la Salvación para toda la humanidad.

“Esta es una Navidad nueva para mí gracias al Covid”

“El Señor está siempre, más en los malos momentos. Cuando al Señor se le busca, se le encuentra: buscad al Señor esta Navidad. Mantened el corazón caliente para Él, porque merece la pena”. Esta es la síntesis de la experiencia de fe de Cristina, una joven esposa y madre a la que el Covid mantiene todavía alejada de su vida normal. La llegada del adviento representa este año para ella una ocasión para decirnos a todos que preparemos el camino, porque viene el Señor.

La dureza de su convalecencia esta enfermedad ha transformado su fe en un tesoro que quiere mostrar al mundo. Esta experiencia ha resultado ser “un regalo porque he visto al Señor en todas las etapas de la enfermedad, desde la atención médica, los sanitarios que me han acompañado y curado”. La Providencia le ha demostrado que “una persona normal y corriente” ha vivido una experiencia de fe “que estoy todavía asimilando”.

La enfermedad le obligó a una soledad hasta entonces desconocida, con ella ha vivido momentos de angustia cuando le faltaba la respiración “sin que nadie pudiera entrar a su cuarto para no contagiarse”, entonces, al recurrir al Señor “tuve la sensación de acompañamiento y abrazo físico que me aseguraba que es Él el que me está cuidando, el que me está dando paz en momentos muy malos”.

En medio del temor ante los síntomas, Cristina escuchaba el salmo “El Señor es mi Pastor” en forma de canción. La escuchaba en el silencio de su habitación y comprendía que su mejoría obedecía a una compañía que eliminaba “el dolor físico y espiritual”.

El Señor la acompañado tanto y se ha mostrado tan cariñoso que ahora la Navidad la invita a afrontar a fiesta con el corazón agradecido.

“Esta es una Navidad Nueva para mí gracias al Covid”, celebra al comenzar el Adviento y aunque resulte difícil decirlo porque las secuelas persisten, asegura que este año se prepara para recibir al Señor como “quien recibe a quien se lo ha dado todo. Recibo alguien en mi casa muy importante para mí. Él me ha dado fuerza y esperanza, como nunca antes: he podido abandonarme en sus manos porque sabía que estaba protegida y cuidada”. Ahora, a punto de abrazar la Navidad, Cristina “se siente en deuda y necesito ponerme al servicio para agradecer tanto recibido”.