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La segunda jornada se inició con la exposición del Santísimo en la Capilla del Pilar y la celebración de la santa misa en la Catedral de Córdoba presidida por el arzobispo emérito de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo.

En su homilía, el prelado explicó como San Juan de Ávila influyó tanto en Trento como en aquellos Padres que estaban presentes en el Concilio y, centrándose en su estancia en Montilla, recordó como el Maestro era la predicación y la dirección espiritual de tantas almas. Teniendo esto presente, el arzobispo pidió a los fieles que sigan las enseñanzas de este Maestro de Santos, “porque la biografía de San Juan de Ávila es una invitación elocuente a la santidad”.

A continuación dio comienzo la mesa redonda sobre Historia a través de las ponencias de José Ramón Godino sobre “La escuela sacerdotal avilista”, de María Jesús Fernández Cordero sobre “La escuela femenina avilista” y Miguel Navarro Sorni sobre “Los santos discípulos del Maestro Ávila”.

José Ramón Godino comenzó su intervención resaltando que “es difícil encuadrar a San Juan de Ávila como hombre de escuela”, por lo que planteó las preguntas: ¿Realmente San Juan de Ávila quiso formar una escuela? ¿Tenía herramientas para ello? ¿Hubo algún avance en su concepción de escuela a lo largo de la historia? Para el ponente, hablar de escuela de San Juan de Ávila es ciertamente apasionante, “pero sabemos que más que escuela, lo que tenía era discípulos”. En este sentido, resaltó la importancia de la predicación, “que es lo que le da cuerpo y sentido al Magisterio de Ávila”.

Por su parte, María Jesús Fernández Cordero trazó el panorama de las mujeres que estuvieron vinculadas a la vida de San Juan de Ávila, como por ejemplo, Sancha Carrillo para quien el Maestro fue su instrumento divino de conversión.

La ponente repasó las Cartas en las que San Juan de Ávila pone de manifiesto su relación con diversas mujeres a las que le pide su vinculación a Dios y “padecer por Cristo”.

Para culminar la jornada Miguel Navarro Sorní se centró en cómo la doctrina del Maestro influyó en la vida de muchos santos. “Fue amigo y forjador de santos y España está llena de sus cartas y obras espirituales”, afirmó. El ponente indicó que “la santidad, si es auténtica, es contagiosa y suscita a imitarla, como fue el caso de San Juan de Ávila quien vivió una “constelación” y fue un caso del todo excepcional en la historia de la Iglesia”. Este presbítero valenciano disertó sobre la reforma sacerdotal y las claves de la santidad sacerdotal desde la perspectiva avilista.