NÚMERO 715 • 8 DE NOVIEMBRE DE 2020

8 DE NOVIEMBRE
DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

Somos lo que tú nos ayudas a ser

Somos una gran familia contigo

ENTREVISTA A MANUEL DÍAZ SÁNCHEZ, PRESIDENTE DE HOAC EN CÓRDOBA

APUNTES

Primera Ultreya Nacional Virtual de Cursillos

Los miembros de Cursillos de Cristiandad vivieron el pasado fin de semana su primera Ultreya nacional virtual emitida en directo desde la casa de San Pablo de Córdoba. El objetivo fue que cursillistas de toda España pudieran vivir una jornada de encuentro y comunión desde sus casas.

Conmemoración de los Fieles Difuntos en La Rambla

En la mañana del 2 de noviembre, de forma privada, el párroco de La Rambla, José Ángel Arévalo, se trasladó hasta el cementerio para bendecir las lápidas de los difuntos del pueblo.

Nuevo contenedor solidario en Cardeña

Los vecinos de Cardeña cuentan, desde este viernes, con un contenedor solidario procedente de Cáritas Diocesana de Córdoba. El contenedor se encuentra ubicado en la calle Poeta Miguel Hernández para que quien lo desee aporte calzado y ropa usada para ayudar a los que más necesitan.

Encuentro virtual de catequistas prematrimoniales

El próximo sábado, 14 de noviembre, de 17:00 a 19:00 horas, tendrá lugar el primer encuentro de formación de catequistas prematrimoniales virtual. Los interesados en participar deben inscribirse a través del formulario  o enviando un correo electrónico con sus datos a delegacionfamiliayvida@diocesisdecordoba.es.

VOZ DEL PASTOR

Más allá del final: juicio, infierno, purgatorio

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

“Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo” (Catecismo 1030). Esto nos lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica cuando habla del más allá de la muerte. El Purgatorio supone por tanto la salvación eterna, que es irreversible, aunque todavía no goza a plena luz de Dios, porque necesita una purificación previa.

El mes de noviembre, último mes del año litúrgico, nos pone delante de los ojos el más allá, para que reflexionemos. ¿Qué pasa después de la muerte? La muerte no acaba con nosotros, llevando nuestros huesos al sepulcro o al horno crematorio, y ahí termina todo. No. Dios nos ha creado para vivir eternamente junto a él, para hacernos partícipes de su felicidad inmensa. El hombre es espíritu encarnado. En la muerte nuestra carne se separa del espíritu, del alma. El cuerpo va al sepulcro, el espíritu o alma no muere. Al final de los tiempos, el cuerpo volverá a reunirse con el espíritu.

Este mes de noviembre es ocasión para evangelizar en esta dirección y pedir para todos la luz con la que vislumbramos un destino eterno para cada uno de nosotros. El tiempo de pandemia acentúa esta cuestión, pues la pregunta de fondo es ésta: y si me muero, qué pasa. Pues después de la muerte viene el juicio de Dios. En la presencia de Dios nos veremos tal cual somos, sin dobleces, sin mentira, sin engaño. La luz de Dios nos sitúa en la verdad. Y la verdad más importante es que Dios nos ama.

Dios nos mira con amor. Somos criaturas suyas, somos hijos suyos por el bautismo. Dios no desprecia nada de lo que ha creado, y menos aún a aquellos que ha adoptado como hijos, dándoles su misma vida en el bautismo. En el corazón de Dios cada uno tiene su lugar propio, en el corazón de Dios todos tenemos un sitio. Y en ese juicio tras la muerte o en el juicio universal al final de los tiempos, Dios nos mirará con amor y con misericordia, pues su amor se dirige a personas que le han ofendido de múltiples maneras. “Si llevas cuenta de los delitos, Señor, quién podrá resistir; pero de ti procede el perdón y así infundes respeto” (Salmo 129).

Si, a pesar de ese amor inmenso y misericordioso de Dios, uno da la espalda a Dios, no quiere saber nada de él y se aparta obstinadamente de él, su vida va camino de perdición. Si persevera conscientemente en esa actitud, se carga la salvación que Dios le ofrece. Eso es el infierno. Mientras dura la vida en la tierra, la persona está siempre en la posibilidad de conversión, del volverse a Dios. Tan grande es la misericordia de Dios. Por eso, debemos orar por todos, esperar por todos, pedir la salvación de todos. Y en ese misterio de la gracia que Dios ofrece, pedir que la persona humana no se cierre y aunque sea en el último minuto se abra a la misericordia de Dios, que es inmensa.

Pero muchos, ante este amor insistente de Dios, abierto siempre al perdón, alcanzan esa misericordia a lo largo de tantos momentos de su vida. Y mueren en la amistad de Dios, aunque les falte mucho por purificar. Esas son las benditas almas del purgatorio, por las que pedimos especialmente en este mes de noviembre. Nuestra oración les llega, les hace bien. Nuestra intercesión y nuestros sacrificios pueden sacarlas del purgatorio.

Es una sana costumbre cristiana ofrecer la Santa Misa por los difuntos, encargar la Eucaristía a un sacerdote y, si podemos, aportar una pequeña limosna. Y además de la Misa, otras oraciones y sacrificios, obras de caridad ofrecidas por las almas del purgatorio.

Oremos por las almas del purgatorio, especialmente en este mes de noviembre.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

EDUCAMOS ENTRE TODOS

ADOLFO ARIZA ARIZA. Delegado Diocesano de Catequesis

DIDÁCTICA DE LA ORACIÓN CRISTIANA

El secreto de toda oración

En uno de los pasajes más brillantes de la novela Diario de un cura rural, el escritor Georges Bernanos reflexiona sobre la oración a través de su protagonista: -“Nos hacemos generalmente una idea absurda de la plegaria: ¿cómo se atreverán a hablar de ella quienes no la conocen ni poco ni mucho? Un trapense o un cartujo laborará años y años para convertirse en un hombre de plegaria y el primer atolondrado pretenderá juzgar el esfuerzo de toda una vida…Si la plegaria fuera efectivamente lo que piensan, una especie de charla frívola o habladuría, diálogo de un maníaco con su sombra o aún menos – un vano y supersticioso intento para obtener los bienes de este mundo -, no podría creerse que millares de seres se hallaran hasta en sus últimos momentos, no digo siquiera tanta dulzura – desconfío de los consuelos sensibles -, sino un gozo pleno y fuerte. ¡Oh, sin duda los sabios hablan de sugestión! Lo que seguramente no habrán visto nunca es a uno de esos viejos monjes, tan reflexivos, tan sabios, inflexibles en los juicios y sin embargo tan radiantes de entendimiento y de compasión con una humanidad tan tierna. ¿Por razón de qué milagros, esos medio locos prisioneros de un sueño, esos durmientes despiertos parecen penetrar más hondamente en las miserias de los demás?

¡Extraño ensueño, opio singular, que en vez de aislarles de sus semejantes, les hace solidarios de todos en el espíritu de la caridad universal! […] ¿Qué hombre de oración ha confesado, sin embargo, que la plegaria le ha decepcionado?”.

Pero, ¿dónde hallar la quintaesencia, el secreto de la oración?

“Jesús ha cumplido toda la obra del Padre, y su oración, al igual que su sacrificio, se extiende hasta la consumación de los siglos” (CCE 2749). Luego el secreto de toda oración radica en el poder participar en la oración de la “Hora de Jesús” que sigue presente en la Liturgia de la Iglesia (cf. CCE 2746): “Nuestro Sumo Sacerdote que ruega por nosotros es también el que ora en nosotros y el Dios que nos escucha” (CCE 2749). San Agustín lo expresó en estos términos: “Ora por nosotros como sacerdote nuestro; a Él se dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en Él nuestras voces; y la voz de Él, en nosotros”.

“La oración ‘sacerdotal’ de Jesús (cf. Jn 17) ocupa un lugar único en la Economía de la Salvación. Esta oración, en efecto, muestra el carácter permanente de la plegaría de nuestro Sumo Sacerdote” (CCE 2604). Precisamente el Catecismo de la Iglesia Católica enseña al respecto: “La carta a los Hebreos expresa en términos dramáticos cómo actúa la plegaria de Jesús en la victoria de la salvación: ‘El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que

había podido salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimento la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen’ (Hb 5, 7-9)” (CCE 2606).

En esta oración todo está “recapitulado” en Él (cf. CCE 2748): “Todos los infortunios de la humanidad de todos los tiempos, esclava del pecado y de la muerte, todas las súplicas y las intercesiones de la historia de la salvación están recogidas en este grito del Verbo encarnado […] Así se realiza y se consuma el drama de la oración en la Economía de la creación y de la salvación” (CCE 2606.

A través de esta oración en la Hora de Jesús nos viene dado “el misterio mismo de la vida de oración”: “El ‘conocimiento’ indisociable del Padre y del Hijo” (CCE 2751). “Lo que el hombre no puede concebir ni lo poderes angélicos entrever, es decir, la relación personal del Hijo hacia el Padre (cf. Jn 1, 1), he aquí que el Espíritu del Hijo nos hace participar de esta relación a quienes creemos que Jesús es el Cristo y que hemos nacido de Dios (cf. 1 Jn 5, 1)” (CCE 2780).

Adolfo Ariza Ariza
Delegado Diocesano de Catequesis. Director y profesor del ISCCRR Beata Victoria Díez

Somos

lo que tú nos ayudas a ser,
somos una gran familia contigo

TEMA DE LA SEMANA

JOSÉ LUIS VIDAL SOLER

Ecónomo Diocesano

Nos encontramos próximos a celebrar el Día de la Iglesia Diocesana, con el que se pretende concienciar a los fieles de la pertenencia a nuestra Iglesia particular en la que podemos vivir nuestra fe alentados, acompañados y arropados por una comunidad de hermanos.

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VIVIR LA LITURGIA

Comulgar en estado de gracia

JAVIER SÁNCHEZ MARTÍNEZ
Miembro de la Delegación diocesana de Liturgia

Poder comulgar en estado de gracia, sin conciencia de pecado mortal, es el mayor nivel de participación en la Misa: participar es poder acercarse a comulgar, participando del Sacrificio eucarístico del Señor. ¡Lo más grande, la más excelente participación en la Misa, es comulgar! “Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, recibiendo los fieles, después de la comunión del sacerdote, del mismo sacrificio, el cuerpo del Señor”, dirá el Concilio Vaticano II (SC 55).

La Eucaristía, sacramento pascual, a la vez, e inseparablemente, es:

– el Sacrificio de Cristo, que se hace presente (no se repite, porque es único),

– es Presencia, porque el Pan y el Vino se transforman sustancialmente en el Cuerpo y la Sangre del Resucitado, y merecen toda nuestra adoración,

– y es Comunión, porque está destinado para ser sumido, comido.

Esta es la plena participación: poder comulgar tras haber discernido si estamos o no en gracia de Dios, debidamente preparados, y si no, acudiendo antes a confesar: “Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar” (Catecismo, 1355).  Además, hay que  respetar el ayuno eucarístico de una hora: “Para prepararse convenientemente a recibir este sacramento, los fieles deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia” (Catecismo, 1387).

“Para participar más plenamente en la Eucaristía, “no se contenten los fieles presentes con comulgar espiritualmente, sino que reciban sacramentalmente la comunión eucarística”” (IGMR 13).

Es importante renovar la conciencia de que lo más grande que realizamos en la santa Misa es poder comulgar en gracia de Dios, y que es muy secundario (es un servicio, nada más) intervenir realizando un ministerio, haciendo algo o leyendo algo o cantando algo… no vayamos a convertir en fundamental lo que no lo es, y relativicemos lo que es central: ¡comulgar!

Por eso es importante comulgar sabiendo que recibimos a Alguien, Dios mismo, no algo, cualquier cosa, un símbolo o un simple trozo de pan; recibir la santa comunión con dignidad y respeto, no de cualquier forma; ir en procesión a comulgar cantando y rezando, caminando con orden y sin prisas, sin distracciones ni saludar a nadie o charlar al ir o al volver de comulgar. “Por la actitud corporal (gestos, vestido) se manifiesta el respeto, la solemnidad, el gozo de ese momento en que Cristo se hace nuestro huésped” (Catecismo, 1387).

¿Sabías que...

el sacristán ejerce un auténtico oficio litúrgico?

La Ordenación General del Misal Romano hace referencia, en el número 105, a la importante figura del sacristán. Afirma de él que «ejerce también un oficio litúrgico» y le encarga «preparar con esmero los libros litúrgicos, los ornamentos y demás cosas necesarias para la celebración de la Misa”.

LIBRERÍA DIOCESANA

Córdoba en el Corazón de Cristo

Comisión diocesana para el Año Jubilar del Sagrado Corazón de Jesús
Edita Apostolado de la Oración

La Comisión del Sagrado Corazón de Jesús ha publicado un libro resumen de todo lo que ha traído consigo el Año Jubilar que la diócesis de Córdoba ha vivido recientemente en torno a los 90 años de la erección del monumento al Corazón de Jesús en las Ermitas de Córdoba y de la consagración de la ciudad.

La obra se divide en varias partes y cuenta con el prólogo del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. Un apartado histórico que recoge artículos acerca de la devoción al Corazón de Jesús en la diócesis de Córdoba; otro apartado teológico-espiritual sobre el significado de la consagración al Corazón de Jesús y el sentido y la importancia de la reparación; y otro con alguna conferencia y homilía que tuvo lugar dentro de las celebraciones más destacadas del Año Jubilar. Al mismo tiempo se recoge el jubileo en cifras y una galería fotográfica de este año santo en la Diócesis.

El libro está disponible en la Librería Diocesana. Puede realizar su pedido a través del correo electrónico libreria@diocesisdecordoba.com o a través de WhatsApp 655 156 557.

AL TRASLUZ

ANTONIO GIL. Sacerdote

El Día de la Iglesia diocesana

Nos llega de nuevo, el Día de la Iglesia Diocesana, como una invitación, como una llamada, como un abrazo. Como una invitación a dirigir nuestra mirada y centrar nuestra atención en la Iglesia diocesana, donde se concreta nuestra pertenencia a la única Iglesia de Cristo, la Iglesia universal una, santa, católica y apostólica. Como una llamada a que todos tomemos conciencia de lo que nos recuerda el cartel de este año: “Somos una gran familia contigo. Somos lo que tú nos ayudas a ser”. Es decir, contigo somos Iglesia, con tu cooperación realiza la Iglesia su misión en el mundo. Y en tercer lugar, nos llega esta jornada eclesial como un fraternal abrazo de unidad y de esperanza, ya que, como bien se lee en la página web de los obispos españoles: “Somos corresponsables del trabajo de la Iglesia”.

Y surge la pregunta, nuestra pregunta: “¿Cómo puedo ayudar a ser Iglesia?”. La respuesta nos la dan este año en el cartel: “Con tu tiempo, con tus cualidades, con tu apoyo económico y con tu oración”. Naturalmente, a esos modos de cooperación hay que darle concreción; sólo se puede ser Iglesia cuando, con nosotros, su presencia y su servicio se hace realidad en la vida diaria de la comunidad cristiana a la que pertenecemos.

Primero, dediquemos parte de nuestro tiempo a nuestras parroquias, a sus tareas apostólicas, a sus quehaceres pastorales. La segunda contribución sugerida es la de los talentos y cualidades que cada uno tiene: “Tenemos mucho que dar a los demás, subraya la CEE, una sonrisa, una mano a los que están desconsolados, incluso un silencio de comprensión a los que sufren”. La tercera contribución es nuestra ofrenda, la donación de dinero que permita mejorar recursos y planificar acciones. Y la última contribución es la de la oración, porque es necesaria y es el alma de todas las actividades que se llevan a cabo. Rezando, los frutos serán mayores y más permanentes.

FAMILIA DE FAMILIAS

FAMILIA CABRERA TORAL

«Educamos a nuestros hijos según la ley de Cristo»

Francisco Javier Cabrera y Ester Toral, padres de cinco hijos pertenecen a la parroquia San Sebastián de Pozoblanco

¿Cuáles son los pilares de vuestra convivencia familiar?

Para nosotros la oración es muy importante, es lo que nos tiene unidos a Jesucristo en el día a día, ya que rezar es reconocer que no podemos llevar nuestra vida, por lo que necesitamos que Dios nos eche una mano y se lo pedimos a través de la oración.

¿Qué resulta más complicado en la educación de los hijos en este momento social?

El poder transmitirles la Fe. Cuando nosotros nacimos, aún se respiraba aire católico en la sociedad, pero actualmente es justo lo contrario, es un ataque constante a la vida cristiana, por lo que el pasarle la Fe a los hijos es un “combate” diario en el que o estás agarrado a Cristo y su AMOR o es muy difícil

¿Qué instrumentos tiene la familia de hoy para manifestarse cristiana?

El primer instrumento que tenemos los cristianos es recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia que es lo que decimos el día que celebramos nuestro matrimonio en la iglesia. Con hacer eso, ya sería más que suficiente para mostrar a los demás que quieres ser cristiano.

La transmisión de la fe a los hijos es un reto para todos, ¿cómo lo hacéis vosotros?

Intentamos que sientan que el Señor es su Padre y que los quiere, y para ello les mostramos cuántas cosas les regala el Señor, cosas sencillas, desde unos padres, la ropa, un aparcamiento cerca del cole. Además, todos los domingos, celebramos juntos el día del Señor, para nosotros es una fiesta y lo celebramos rezando y cantando las maravillas que el Señor ha hecho con el pueblo de Israel y les contamos la vida de los santos.

¿Cuál es vuestra parroquia?, habladnos de vuestra vida en comunidad.

Hemos sido bautizados, confesados, hecho la 1ª comunión, confirmados y celebrado nuestro matrimonio en la parroquia de San Sebastián de Pozoblanco.

Estamos seguros por nuestra experiencia de Fe que la vida de Fe no se puede vivir solo, necesitas una comunidad que te ayude a levantarte en el momento de las caídas, por lo que el Señor a nosotros nos ha dado la Fe a través de una comunidad que nos ama y nos dice la verdad en el Camino Neocatecumenal, con la cual compartimos nuestra Fe, con una celebración de la Palabra de Dios entre semana y la Eucaristía dominical, y una vez al mes nos juntamos para hablar de la experiencia de Dios en nuestras vidas.

¿Cuál es vuestra aportación familiar a la Iglesia Diocesana?

Actualmente, somos catequistas de confirmación en la Parroquia. Nuestra aportación a la Iglesia Diocesana es simplemente intentar vivir como familia cristiana (que muchas veces no somos capaces) para poder mostrar a los demás que igual que el Señor nos ama a nosotros ama a todos.

Fecha y lugar del matrimonio

19 de mayo de 2012 en San Sebastián de Pozoblanco

Número de hijos y edades

El Señor nos ha regalado 5 hijos: Juan Antonio (7 años), Miguel (6 años), María (4 años), David (2 años) y Carmen (1 añito).

Un momento de vuestra historia familiar

Jornada Mundial de la Juventud en Madrid 2011, donde decidimos casarnos.

El embarazo y nacimiento de nuestro hijo Miguel, en el que nuestra fe fue probada ya que Miguel venía con problemas y nos invitaban a abortar. Nos ayudó mucho a agarrarnos a Jesucristo. 3 años y medio de misión en Francia. En los que nuestra fe creció.

Qué cosas no dejáis de hacer juntos cada día

No dejamos de comer y cenar juntos en familia, cuando papá llega tarde de trabajar los pequeños se esperan para poder compartir ese rato en familia, ya que la mesa es un momento de compartir lo que ha ocurrido durante el día.

Qué lugar ocupan los abuelos en casa

Los abuelos son muy importantes en nuestra familia, en primer lugar porque ellos son los que nos pasaron la Fe. Y segundo porque nos ayudan mucho, ya que en sus casas intentan continuar con la educación de fe que intentamos darle a los hijos que el Señor nos ha encomendado.

¿Rezáis por algún sacerdote?

Si, por el tito Juan Antonio que es hermano de Francisco Javier, lo tenemos siempre en nuestras oraciones para que el Señor le ayude a darse a los demás y ser fiel a su vocación. Por supuesto por el párroco de San Sebastián, Gaetano, que está muy presente en nuestra vida de familia.