APUNTES

El Seminario de Los Ángeles ya cuenta con instalación eléctrica

El Obispo inauguró la renovación de la línea eléctrica del Seminario de Los Ángeles, en Hornachuelos, que ha sido financiada por el Cabildo Catedral. Durante la visita se estudiaron proyectos de futuro que contribuirán a una mayor presencia de la Diócesis en este edificio emblemático.

Encuentro del Obispo con la Curia

Monseñor Demetrio Fernández ha felicitado la Navidad a los trabajadores de la Curia diocesana celebrando la santa misa en la Catedral y un posterior encuentro en el Palacio Episcopal.

Magisterio muestra su lado más solidario

El Centro de Magisterio “Sagrado Corazón” ha decidido donar el dinero que cada año emplean para obsequiar a sus trabajadores en Navidad a Cáritas Diocesana de Córdoba con el fin de ayudar a paliar las necesidades que están sufriendo numerosas familias.

Seis nuevos miembros del Tribunal Eclesiástico

El Obispo ha nombrado cuatro nuevos jueces para el Tribunal Eclesiástico, un nuevo Defensor del Vínculo y un asesor jurídico-pastoral para informar sobre las causas matrimoniales. Juan Laguna, Carlos Morales, Nicolás Jesús Rivero y Francisco Hidalgo serán los nuevos jueces; Eugenio Bujalance Defensor del Vínculo; y David Matamalas asesor jurídico-pastoral.

XXV Aniversario de la Virgen de la O

La parroquia de la Aurora de Córdoba acogió el 18 de diciembre, festividad de la Expectación de María, al obispo de Córdoba quien presidió la misa en rito hispano-mozárabe en honor de la Santísima Virgen de la O, dando así comienzo a los actos correspondientes al XXV Aniversario de la bendición de la imagen y coincidiendo con la consagración del templo de Nuestra Señora de la Aurora.

VOZ DEL PASTOR

Santa Navidad: Dios con nosotros más que nunca

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

Dios es amigo del hombre, Dios nos ha creado para hacernos felices, Dios quiere estar cerca para sostenernos en las pruebas. En estos momentos de dolor universal por causa de la pandemia, él quiere acercarse más que nunca a cada uno de nosotros y a la humanidad entera que sufre. Por eso, necesitamos la Navidad más que nunca, necesitamos que Dios se acerque más a cada corazón humano para decirle su amor.

La liturgia tiene la capacidad de traernos el misterio que celebramos en el hoy permanentemente presente de Dios en la historia, para que nosotros podamos participar en ese misterio como si allí presente me hallare. ¿Qué es lo que celebramos por Navidad? –El nacimiento en la carne humana del Hijo de Dios eterno. Dios como su Padre, se ha hecho hombre como nosotros para que nosotros lleguemos a ser hijos de Dios, podamos participar de su filiación divina y lleguemos así a la plenitud del gozo que nos tiene preparado. “Ni el ojo vio, ni el oído oyó ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman” (1Co 2,9). Leer y meditar los textos litúrgicos de Navidad nos da alimento abundante para nuestra vida cristiana.

Nos detenemos estos días a contemplar este Niño, que es Dios y que es Hombre, dos naturalezas unidas en la única persona del Verbo. Suscita en nosotros una fascinación irresistible. Se trata de una luz potentísima, que ilumina las tinieblas de la historia humana, de nuestra propia vida, y es un anticipo de la luz eterna que deslumbrará nuestros ojos y nos llenará el corazón de alegría. Este misterio tan hondo se ha realizado y continua realizándose en el silencio de la noche, en la humildad de un establo, en una profunda solidaridad con todos los humanos y con la creación entera. Es un misterio para contemplar largamente. En Navidad, más que ruido necesitamos silencio para entrar a fondo en lo que celebramos y contemplamos.

Y su Madre es Virgen. Vino el ángel y anunció a María que iba a ser la Madre de Dios y ella aceptó con humildad poner su vida entera al servicio de este gran misterio. Desposada con José, antes de vivir juntos, resultó que esperaba un hijo. Y le dio a este hijo su propia carne y sangre. Madre en el sentido más propio de la palabra, pues lo ha engendrado en su seno.

El niño se parece todo a ella, lleva en su carne, en sus gestos, en su forma de comportarse los rasgos de su madre. Virgen, porque no es fruto de la complementación normal del varón, sino engendrado por la acción milagrosa del Espíritu Santo. María es virgen al concebir, al dar a luz y permanece virgen para siempre. He aquí otra luz potente de la Navidad. La virginidad es pureza de alma y cuerpo y en María ha llegado a su grado máximo, pues es la llena de gracia, bendita entre todas las mujeres. Y es una virginidad plenamente fecunda, con la fecundidad que viene de Dios. Fecunda en el tiempo y para toda la eternidad.

Y junto a María está José, padre virginal de Jesús. Nos fijamos en él especialmente este año dedicado a su figura y la misión que Dios le ha encomendado. Sin él, este misterio de la encarnación no hubiera sido viable. El acoge, custodia, da cobertura al misterio más grande de los siglos. Y lo hace poniendo toda su vida al servicio de la misión encomendada. Toma al Niño y a su Madre, los hace suyos, y constituyen los tres la Sagrada Familia de Nazaret, donde todo rebosa amor y entrega de uno a otro.

Meditemos en los grandes misterios de estos días y abramos el corazón a las necesidades de nuestros hermanos los pobres. No hay mayor pobreza que la de pasar estos días sin entrar en el misterio que celebramos y no enterarse de la fiesta. De la contemplación de este misterio brota el deseo misionero de que todos puedan disfrutar de esta luz y de este gozo.  Y a los que sufren por cualquier causa queremos decirles con nuestra vida que el Hijo de Dios hecho hombre ha asumido nuestros dolores para darnos a probar su divinidad. La Navidad nos hace solidarios, no sólo para satisfacer las necesidades materiales de los demás, sino para hacerles partícipes de la inmensa alegría de que Dios está con nosotros. Hoy más que nunca necesitamos celebrar la Navidad.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba