NÚMERO 729 • 14 DE FEBRERO DE 2021

Camino de Caná

UN ITINERARIO PARA EL
NOVIAZGO CRISTIANO

A SOLAS 511 "ACOMPAÑAR A LAS PERSONAS Y ESPERAR QUE FLOREZCAN”

APUNTES

Encuentro contra la Trata de personas

La Delegación diocesana de Migraciones se une a la Jornada Mundial de Oración y reflexión contra la Trata de personas con una vigilia de oración que se celebró en la parroquia Ntra. Sra. de Linares. El lema para la Jornada de este año es “Economía sin trata de personas”.

Ejercicios espirituales en el Menor

Los seminaristas del Seminario Menor “San Pelagio” participaron la pasada semana en una tanda de ejercicios espirituales dirigidos por el director espiritual, Antonio J. Gálvez.

Canal Sur retransmitirá en directo la Santa Misa desde Rute

Este domingo, 14 de febrero, desde el santuario de Ntra. Sra. del Carmen de Rute, a las 9:30 horas, el obispo de Córdoba presidirá la eucaristía en Canal Sur, acompañado por el consiliario de la Archicofradía.

Presentación del cartel de la Semana Santa 2021

El Palacio Episcopal acogerá este sábado, a las doce de la mañana, la presentación del cartel de la Semana Santa 2021 de Córdoba. Se trata de una obra del pintor sevillano Juan Miguel Martín Mena.

VOZ DEL PASTOR

San Valentín y los novios

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

El 14 de febrero se celebra la fiesta de san Valentín, y es el día de los enamorados. San Valentín es un sacerdote del siglo III, que se dedicó a bendecir matrimonios de jóvenes enamorados, sobre todo de jóvenes destinados a la milicia, y que es encarcelado y martirizado en la época del emperador Claudio II (a. 270). Pasa a ser patrono de los enamorados que preparan con ilusión su matrimonio.

El amor humano es bello desde su origen. En los comienzos del mundo, está Dios en el origen de la pareja humana: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó. Dios los bendijo; y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla…” (Gn 1,27-28). Y a pesar del pecado, esta primera bendición no desapareció ni en la expulsión del paraíso ni en la inundación del diluvio, sino que se ha mantenido como garante de la sucesión de la especie humana, hasta ser elevada por Jesucristo a la dignidad del matrimonio, expresión sacramental del amor de Cristo a su esposa la Iglesia.

Después de millones de años, el varón y la mujer, iguales en dignidad, distintos para ser complementarios, son compatibles en cualquier raza o latitud de la tierra, como muestra de un tronco común, que abarca la humanidad entera en el espacio y en el tiempo.

Cuando el varón y la mujer van creciendo y salen de la infancia para entrar en la juventud sienten el atractivo del uno por el otro, y van emparejándose para constituir nuevas familias, en las que nacen nuevos hijos. He ahí la constitución fundamental del ser humano a lo largo de los siglos en distintas latitudes. Esta realidad natural es iluminada por la luz de Cristo y es llevada a plenitud, haciendo que el amor humano se convierta en amor divino por el Espíritu Santo y refuerce los lazos de un amor para siempre.

La fiesta de san Valentín viene a recordar esa belleza del amor humano, que forma parte de la constitución de la persona, y que está sometido a peligros y amenazas, también en nuestra época. Cuando he acogido a unos novios que expresan su deseo de casarse por la Iglesia, de que Dios bendiga su amor y su fecundidad, siempre les he preguntado si desean ser amados para siempre. La respuesta es unánime: Sí, deseo que me quieran con un amor que no termina. Pero cuando he planteado la pregunta al revés: Y tú, ¿quieres amar para toda la vida? he encontrado reticencias: Quiero que así sea. No sé si seré capaz. Voy a intentarlo con la ayuda de Dios.

Es decir, en el amor humano hay una asimetría entre ser amado y amar. Uno desea ser amado sin medida, necesita ese amor que le dé seguridad y estabilidad; y también desea amar sin medida, pero no sabe qué sucederá, es consciente de sus límites, a veces incluso teme comprometerse para no defraudar al otro.

El ser humano desea ser amado sin medida, pero no se siente capaz de amar sin medida. He aquí el evangelio del amor humano. Nos acercamos a Jesucristo porque él hace capaces a las personas humanas de amar como ama él, hasta la muerte, hasta dar la vida por el otro.

Jesucristo ilumina el misterio del hombre, varón y mujer, también en este aspecto del enamoramiento. Jesucristo no viene a quitar nada de lo bueno que hay en el corazón humano, viene a purificarlo y a llevarlo a plenitud. El matrimonio cristiano, que consagra el amor humano, fortalece ese atractivo que la naturaleza humana lleva inscrito y hace que el amor madure en la entrega de sí mismo hasta el extremo. El amor, por tanto, no es un sentimiento pasajero, no es simplemente una emoción. El amor humano potenciado por la acción del Espíritu Santo, que viene a nuestros corazones, es capaz de ser fiel por encima de las pruebas, es capaz de fortalecerse en las dificultades, hace capaces de amar para siempre como desea el corazón humano.

La fiesta de san Valentín traiga a los novios cristianos la certeza de que el amor es posible, de que es posible amarse para siempre. Así lo ha pensado Dios y así lo hace posible por la acción de su gracia. Pidamos por los novios para que su enamoramiento se convierta en verdadero amor duradero con la gracia de Cristo, que les haga felices para siempre.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

EDUCAMOS ENTRE TODOS

ANTONIO A GARRIDO SALCEDO. Coordinador para España del Movimiento Católico Mundial por el Clima

EDUCAR PARA UNA ECOLOGÍA INTEGRAL

Educar en una fraternidad universal, de Laudato Si´ a Fratelli Tutti

La voz de Dios sigue resonando hoy en día, más allá de las primeras páginas del Génesis. Una pregunta que nos interpela a cada uno de nosotros, y ante la que no podemos guardar silencio: ¿Dónde está tu hermano?

Vivimos una grave situación definida por una crisis económica, sanitaria y ecológica. Hemos comprendido la vulnerabilidad del ser humano y sus limitaciones, frente al progreso de la ciencia y la tecnología, que parecían no tener fin.

Pero la luz de la esperanza ha brillado durante este oscuro escenario de emergencia, cuando hemos visto infinidad de pequeños gestos de cuidado mutuo.

Como define la Encíclica Laudato Si´ (231) estos deben ser el pilar sobre el que se constituya un verdadero desarrollo. Y que incluye el cuidado de la naturaleza, como una parte más de la realidad del ser humano, pues es donde vivimos.

Para construir una verdadera fraternidad universal, debemos entender que todo está conectado, y que ello pasa por el cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con los demás y la naturaleza. Esta idea de convivir como verdaderos hermanos, no es nueva, desde los tiempos del Concilio Vaticano II ha ido construyéndose en el Magisterio Social de la Iglesia por los distintos pontífices, hasta llegar a Fratelli Tutti, que nos anima a continuar por un camino que la haga posible.

Construir este escenario, depende de cada uno de nosotros y nuestras contribuciones. Pues como señaló Pablo VI, la paz y la fraternidad, no es algo que cómodamente se goce y se disfrute. Se debe construir, educar y trabajar por ello, con los valores de verdad, justicia, amor y libertad.

Camino de Caná

UN ITINERARIO PARA EL NOVIAZGO CRISTIANO

TEMA DE LA SEMANA

Camino de Caná nace para ponernos frente a la naturaleza del amor humano. Cuando se trata de compartir la vida de un hombre y una mujer dispuestos al matrimonio, el camino está lleno de amenazas y dudas ante el desafío de amar para siempre. La respuesta de amor humano que cada uno ofrece puede ser perfeccionada. Por eso, este proyecto diocesano, impulsado por la Delegación Diocesana de Familia y Vida, sirve para que los novios evalúen, acompañados, la decisión de responder a la belleza  del matrimonio cristiano, centrados en la oración y desentrañando a la luz de la fe todas las etapas de su relación.

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VIVIR LA LITURGIA

Las cenizas del Miércoles en la cabeza

JAVIER SÁNCHEZ MARTÍNEZ
Miembro de la Delegación diocesana de Liturgia

Es un rito antiguo, con el cual los pecadores se agregaban al Orden de los penitentes, quedaban excluidos de la Comunión y se entregaban a los ayunos y oraciones durante un tiempo amplio. Hoy las cenizas nos indican el camino penitencial (¡y bautismal!) de la santa Cuaresma.

“Con este signo penitencial… se quiere significar la condición del hombre pecador, que confiesa externamente su culpa ante el Señor y expresa su voluntad interior de conversión…

La bendición e imposición de la ceniza se puede hacer o durante la Misa o fuera de la misma. En este caso se inicia con la liturgia de la Palabra y se concluye en la oración de los fieles” (Cong. Culto divino, Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 21).

Las rúbricas señalan de dónde vienen estas cenizas: “En la misa de este día se bendice y se impone la ceniza, hecha de los ramos de olivo o de otros árboles, bendecidos el año precedente”, en el anterior Domingo de Ramos: la gloria que se convierte en ignominia por la cruz; es un gran simbolismo: ¡todo pasa! ¡No son cenizas de otras cosas, ni de ramas cogidas de árboles el día antes!

Se omite el acto penitencial del inicio de la Misa, porque el rito penitencial es la imposición de la ceniza tras la homilía.

Las oraciones de bendición atienden tanto a las cenizas como a aquellos que las recibirán; por tanto se bendicen después de la homilía en todas las Misas en las que se va a imponer. El Misal ofrece dos oraciones ad libitum, que dan la clave del sentido penitencial del rito, su deseo espiritual y su petición a Dios. De acuerdo al sentido de la ceniza, la fórmula tradicional al imponerla es: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”, o también: “Convertíos y creed en el Evangelio”.

Tras el rito, se continúa con las preces.

Las cenizas se imponen en la cabeza, no en la frente. En las Escrituras, cuando se hace penitencia, se echa ceniza en la cabeza y se visten de saco (2S 13,19; Lm 3,16; Est 4,13; 1Mac 4,39). Lo bíblico y lo que aparece en los libros litúrgicos es “la cabeza” y si nos remitimos al testimonio gráfico, basta ver fotos de los últimos Papas dónde reciben la ceniza y dónde la imponen.

¿Sabías que...

durante la Cuaresma no se celebran bautizos?

El Ritual del Bautismo de Niños recomienda, en el número 47: “Por ser la Cuaresma un tiempo de preparación al Bautismo de los catecúmenos y de renovación de la conciencia bautismal de los fieles, parece oportuno que durante la misma no se celebre dicho sacramento, precisamente para que la Vigilia Pascual y el día de la Resurrección aparezcan como el “día bautismal” por excelencia”.

LIBRERÍA DIOCESANA

La sombra del padre

HISTORIA DE JOSÉ DE NAZARET

Jan Dobraczynski
Editorial Palabra • Colección Arcaduz

Jan Dobraczynski es el escritor polaco más conocido de nuestro tiempo. Con La sombra del Padre reafirma su calidad de narrador y constructor de novelas históricas. En esta historia novelada de José de Nazaret, emprende la formidable tarea de rehacer no solo la vida del Santo Patriarca, sino también el entorno en que se desarrolló: las dificultades que presentaba el ambiente familiar, impregnado del exigente espíritu de raza; el clima de tensión con el que los judíos esperaban la venida del Mesías; las peripecias políticas de la corte de Herodes el Grande, con sus intrigas, sus degeneraciones y sus crímenes. Para todo esto, se vale de las fuentes escriturísticas y del vasto material literario de la época descrita. “Me siento profundamente edificado por el tacto y la finura con la que Vd. ha sabido acometer un trabajo tan difícil y apasionante”, son palabras que le dirigió el cardenal Wiszynski.

El libro está disponible en la Librería Diocesana. Puede realizar su pedido a través del correo electrónico libreria@diocesisdecordoba.com o a través de WhatsApp 655 156 557.

AL TRASLUZ

ANTONIO GIL. Sacerdote

"El hambre es criminal"

Las palabras del papa Francisco, en su encíclica Fratelli tutti, estremecen las entrañas y enmarcan este año la Campaña de Manos Unidas: “El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable. Mientras muchas veces nos enfrascamos en discusiones semánticas o ideológicas, permitimos que todavía hoy haya hermanas y hermanos que mueran de hambre o de sed, sin un techo o sin acceso al cuidado de la salud” (Número 189).

El problema del hambre ha de golpear nuestras conciencias libres para urgirnos a compartir, o como ha señalado nuestro obispo, don Demetrio, “ha de despertar en nosotros el deseo de ensanchar la mesa para acoger a más personas, aunque tengamos que estrecharnos más”.

La presidenta diocesana de Manos Unidas, Pepa Iribarnegaray, nos ha dicho estos días a través de las redes y de los medios de comunicación, que “lo más importante del lanzamiento de la Campaña de este año es tocar los corazones y la conciencia de la gente para que todos nos demos cuenta de que, además de la terrible pandemia que vivimos, existe otro mundo en “permanentes pandemias” que desconocemos. Las palabras del lema de este año, “Contagia solidaridad para acabar con el hambre”, constituyen un llamamiento a nuestra solidaridad”. La presidenta diocesana nos descubre también la esencia viva de Manos Unidas y de su lucha contra el hambre: “Unir nuestras manos y nuestro corazón hacia los más necesitados de la tierra, porque queremos ser los brazos de Dios en la construcción de su Reino”. Las palabras de Cristo son tajantes: “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos, conmigo lo hicisteis”. Que la voz del Papa, de nuestro Obispo y de Manos Unidas resuene profundamente en esta hora difícil pero esperanzada de un mundo herido, hambriento y sediento de amor y de solidaridad.

DIEZ AÑOS DE MISIÓN EN PICOTA

PEDRO DEL PINO

«Mi relación con Jesucristo sigue creciendo gracias a la misión»

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

En mi caso surgió de forma muy providencial, en el seminario nos invitaron a ir a la Misión Diocesana de Picota, yo fui a preguntarle al rector, por aquel entonces D. Antonio Prieto, si veía bien que le preguntara al Señor si Él quería que fuera ese verano a la misión, ya que tenía un verano bastante complicado, su respuesta en aquel momento fue que no, por lo que desistí en aquella primera intención de ir. Cual fue mi sorpresa que una noche estando la comunidad del Seminario reunida, D. Antonio empezó a decir los nombres de los que iban a Perú y entre esos nombres estaba el mío. Para mi fue una señal clara de Dios, de que era Él quien quería que yo fuera a Picota y no yo el que quería ir. Para mi la misión no fue ir a misiones, sino que Dios me llevo al Perú. Una vez más pude experimentar que no era yo, sino Él quien lleva mis pasos.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

Recuerdo un montón de momentos que el Señor nos regaló, desde cruzar un río con los “carros” montados en las balsas, ir más de 20 personas subidas a una camioneta, los ratos de fraternidad entre nosotros y con los “padresitos” de Córdoba (en ese momento estaban Paco Granados y Paco Delgado, junto con su mono Pipo), hasta ir de poblado en poblado diciendo a diestro y siniestro lo grande que es el amor de Dios. Son muchos los momentos que recuerdo de aquellos días, pero si me tuviera que quedar con algunos serían tres. Uno de ellos es poder ver que Dios hace milagros, en una de las visitas a selva alta pudimos celebrar la Eucaristía en un poblado en el que nunca antes se había celebrado. Otro de los momentos, que más me impresionaron fue convivir con aquella buena gente, especialmente con los niños, recuerdo en Shamboyacu cuando en la siesta nos íbamos a jugar con ellos a un río al que ellos llaman “la playa”, sin duda, tanto allí como aquí lo mejor de la Iglesia son las “piedras vivas”, testimonios vivos de Jesucristo. Pero creo que el mejor de todos los momentos era llegar agotado a casa después de un día de misión, sentarse en el sagrario y sin decir nada, abrir el corazón ante Dios, lleno de nombres.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

Me enseñó que la fe es capaz de mover montañas, que la fe en Jesucristo es capaz de todo, que nada es imposible para Dios. Me enseñó a amar mi vocación, en aquel momento me encontraba pasando por un momento de discernimiento fuerte y recuerdo como aquella humilde gente me enseñó a amar el regalo que Dios me había hecho llamándome a seguirle de cerca. Me enseñó a descubrir que la vida está para entregarla, para gastarla, para servir y dar la vida. Me enseñaron que estamos hechos para amar, pero no de cualquier manera, me enseñaron que hay que amar a la manera de Jesucristo. Me enseñaron a amar la Eucaristía, a amar a Jesucristo en los sacramentos y a vivir con alegría, venga lo que venga.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana?

Creo que la misión es como una semilla que Dios siembra y va haciendo crecer. Es como ese grano de mostaza del que nos habla el Señor, el grano no se convierte en un árbol gigante de la noche a la mañana, la misión es parecida a ese granito. Mi vida sigue cambiando desde aquellos días, mi relación con Jesucristo sigue creciendo gracias a la misión, mi amor por aquel que cautivó mi vida y guía mis pasos va como ese pequeño granito aumentando, quizás sigue siendo muy pequeño, quizás aún no es un lugar donde otros puedan cobijarse, pero está sembrado y Dios ha prometido que el grano crecerá. Para mi la misión fue una llamada a vivir más austeramente, a vivir con una mayor entrega, a vivir gastando la vida por los demás y dando gracias a Dios por todo lo que me da.

¿Mantienes todavía vinculación con la misión diocesana?

No toda la que me gustaría, pero gracias a las redes sociales aún mantengo relación con alguna de las personas que tuve la suerte de conocer allí, lo que si mantengo con la Misión Diocesana es una preciosa unión espiritual. Durante los días de la misión en mi cuaderno de oración fui escribiendo los nombres de todas las personas con las que me iba encontrando, de vez en cuando lo ojeo y voy recordando aquellos rostros, pido por ellos, para que el Señor les ayude y les conserve en la fe, recuerdo aún algunos de aquellos niños: Marlon, Romeito y Julieta, Rosita, Miguel, Joel… Estoy seguro de que Dios volverá a llevarme por aquellas tierras, que me concederá el regalo de volver y poder compartir la fe con estos hermanitos nuestros, pero seguro, una vez más, que no como yo planee, sino como Él quiera.