NÚMERO 730 • 21 DE FEBRERO DE 2021

Cuaresma

MENSAJE DEL PAPA

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén...» (Mt 20, 18).
Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad

VIA CRUCIS | COMPUESTO POR SANTA TERESA DE CALCUTA PARA LOS JÓVENES

APUNTES

Ordenación diaconal

La diócesis de Córdoba contará con un nuevo diácono. Francisco Javier Muñoz recibirá su ordenación diaconal de manos del Obispo, monseñor Demetrio Fernández, el próximo 19 de marzo, a las 18:00 horas, en la Santa Iglesia Catedral.

Confirmaciones de Salesianos

La parroquia de Santiago en Montilla acogió las confirmaciones de un grupo de 17 personas del colegio Salesiano San Francisco Solano. La ceremonia estuvo presidida por el Vicario de la Campiña, David Aguilera.

Adoremus por las vocaciones en Lucena

Dentro de los actos a celebrar en el Año Jubilar con motivo del 500 Aniversario de la Archicofradía del Santísimo Sacramento de Lucena, tuvo lugar el pasado día 15 de febrero en la parroquia de San Mateo de Lucena, un “Adoremus por las Vocaciones”.

Claustro en el Seminario “San Pelagio”

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, participó el sábado, 13 de febrero, en el claustro de profesores celebrado en el Seminario Conciliar “San Pelagio”, en el que los profesores tuvieron oportunidad de compartir impresiones también con el rector y vicerrector.

VOZ DEL PASTOR

El demonio existe, Jesús lo ha derrotado

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

Comenzamos en estos días el tiempo de cuaresma. En el cristianismo, es un tiempo santo, que nos prepara a la Pascua. Tiempo santo, porque nos viene dado por Dios para nuestro bien. Tiempo de preparación a la gran fiesta anual de la pasión y muerte de Jesucristo, que culmina en la resurrección, de donde brota el don del Espíritu Santo. Son cuarenta días de preparación y cincuenta días de celebración. Se trata de una subida o escalada, que lleva consigo esfuerzo y ascesis, para remontarnos a una meseta de vida cristiana y experimentar el gozo de la nueva vida del Resucitado, que nos da el Espíritu Santo.

Entremos con esperanza en este tiempo santo, veamos con serenidad cuáles son los puntos flacos de nuestra vida cristiana para ejercitarnos en las virtudes y eliminar los vicios. Las pautas que nos señala la Iglesia son el ayuno, la oración y la limosna. Constituyen como un trípode permanente, que en este tiempo ha de intensificarse. Abriendo nuestro corazón a Dios (oración) nos capacitamos para el ayuno de nuestros vicios e incluso de tantas cosas buenas que nos entretienen y nos impiden crecer, y de esta manera nos capacitamos para ser más

generosos con nuestros hermanos que sufren, que necesitan nuestra ayuda. Se da como una circularidad entre estos tres aspectos, y cada uno de ellos influye en los otros, van juntos.

El primer domingo de cuaresma es el domingo de las tentaciones de Jesús. Se retiró al desierto, llevado por el Espíritu Santo, para ser tentado, para ser puesto a prueba. La vida entera de Jesús y nuestra propia vida es una vida sometida continuamente a la prueba. No hemos de temer las pruebas y las tentaciones, las crisis de crecimiento y las pruebas que Dios va señalando en nuestra vida. Miremos a Jesucristo.

Jesús no necesitaba ser puesto a prueba, pero dejó que el enemigo lo tentara para poder derrotarlo y enseñarnos a nosotros cómo hemos de actuar en nuestra lucha contra Satanás. El demonio se acercó a Jesús en varias ocasiones, se le insinuó de varias maneras. Los evangelios sinópticos tipifican el momento de las tres tentaciones del desierto, al comienzo del ministerio público, pero hay además otros momentos, como cuando Pedro se resiste a ir por el

camino de la Cruz o cuando Jesús experimenta la prueba definitiva en la oración del huerto.

El demonio es muy listo. Y nos tiene engañados haciéndonos creer que no existe, que no actúa, que es un mito. Y mientras tanto él está encizañando, tirando de nosotros hacia el mal, queriéndonos apartar de Dios continuamente. No seamos tontos. El demonio existe, el demonio trabaja, el demonio está continuamente haciendo su labor. El Papa Francisco nos lo recuerda continuamente y nos alerta para no dejarnos engañar.

En el programa de Jesús, un capítulo importante es su lucha frontal contra el demonio. Desde el comienzo de su ministerio, se retira cuarenta días para luchar contra él. Y lo vence por la oración y el ayuno, por la escucha de la Palabra, por el rechazo frontal sin admitir negociaciones. “Cuanto más tarde se decide el hombre a resistirle, tanto más débil se hace cada día, y el enemigo contra él más fuerte” (Kempis 13,5).

La Iglesia, en este camino cuaresmal, nos pone delante de los ojos ya desde el primer domingo de cuaresma que aquí tenemos un trabajo fundamental: la lucha contra Satanás. Si la vida es una lucha permanente, debemos saber quién es el enemigo para emplear los medios adecuados. De lo contrario, iremos de derrota en derrota. Nuestra lucha no es contra los poderes de este mundo, sino contra los espíritus del mal (Cf. Ef 6,12), nos recuerda san Pablo. El enemigo es más fuerte que nosotros. Sólo podremos vencerle con el poder de la gracia que viene de Dios, con la oración, el ayuno y la limosna. Manos a la obra, la cuaresma es tiempo de ejercicio, de lucha, de ascesis. Y no es una lucha en solitario, sino una lucha solidaria, con toda la Iglesia y en favor del mundo entero. La victoria está asegurada.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

EDUCAMOS ENTRE TODOS

ANA Mª ROLDÁN ROLDÁN. Delegada Diocesana de Enseñanza

Alcanzar la sabiduría: Enseñar el arte de vivir

Iniciamos un nuevo tema en esta sección, que ha surgido como consecuencia del tratado anteriormente: educar para una ecología integral.

En su Encíclica Laudato Si´, el papa Francisco hacía referencia a “unas dinámicas de los medios del mundo digital que, cuando se convierten en omnipresentes, no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundo, de amar con generosidad” (N 47). Así surge la invitación de buscar “la verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas” y que, “no se consigue con una mera acumulación de datos que terminan saturando y obnubilando” (N 47)

A lo largo de la misma, el papa Francisco, vuelve con frecuencia a esta idea. “hay un modo de entender la vida que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla” (N 101)

Queremos acometer este tema para ir desgranando algunas pistas con el fin de  poner de nuestra parte lo necesario para poder alcanzar la sabiduría y de emprender un camino educativo que la favorezca.

Acudimos a algunos fragmentos de la conferencia del cardenal Joseph Ratzinger durante el jubileo de los catequistas y profesores de Religión celebrado el 10 de diciembre de 2000 en Roma. Nos parece la mejor introducción al tema.

“La vida humana no se realiza por sí misma. Nuestra vida es una cuestión abierta, un proyecto incompleto, que es preciso seguir realizando. La pregunta fundamental de todo hombre es: ¿cómo se lleva a cabo este proyecto de realización del hombre? ¿Cómo se aprende el arte de vivir? ¿Cuál es el camino que lleva a la felicidad?”

Podríamos decir que encontrar este camino y aprender el arte de vivir es alcanzar la verdadera sabiduría. “La pobreza más profunda es la incapacidad de alegría, el tedio de la vida considerada absurda y contradictoria”, nos dice Ratzinger. “Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás ya no funciona. Pero ese arte no es objeto de la ciencia; sólo lo puede comunicar quien tiene la vida, el que es el Evangelio en persona”.

Los cristianos no aspiramos solo a alcanzar una sabiduría humana, que es fruto del conocimiento y de la experiencia. Aspiramos al don de la sabiduría. Queremos ver “el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios” (papa Francisco, audiencia general del miércoles 9 de abril de 2014)

“El Espíritu Santo, entonces, hace «sabio» al cristiano. Esto, sin embargo, no en el sentido de que tiene una respuesta para cada cosa, que lo sabe todo, sino en el sentido de que «sabe» de Dios, sabe cómo actúa Dios, conoce cuándo una cosa es de Dios y cuándo no es de Dios; tiene esta sabiduría que Dios da a nuestro corazón. El corazón del hombre sabio en este sentido tiene el gusto y el sabor de Dios” (Ídem). “Y esto es algo que no podemos improvisar, que no podemos conseguir por nosotros mismos: es un don que Dios da a quienes son dóciles al Espíritu Santo” (Ídem).

VIVIR LA LITURGIA

Liturgia y martires IV

Las Actas de los Mártires y las «Pasiones»

JAVIER SÁNCHEZ MARTÍNEZ
Miembro de la Delegación diocesana de Liturgia

La redacción de las Actas de los mártires y de las “Pasiones” atestigua la consolidación y expansión del culto a los mártires a partir del siglo III.

Con amor, la Iglesia procuró conservar las Actas judiciales de los martirios siempre que fuera posible y que hubiesen sido sometidos a juicio; también se desarrolló el género hagiográfico de la “Passio” o Pasión del mártir, en la cual, aportando datos de su vida, narra con detalle los sufrimientos que padecieron, su glorioso martirio y en muchos casos la deposición de sus restos en las sepulturas, con el honor de la Iglesia. Estas Pasiones son un relato pensado para ser leído eclesialmente, en la liturgia.

En nuestro rito hispano-mozárabe, se proclaman estas Pasiones dentro de la misma liturgia; por la mañana, en el Oficio divino de alabanza –Matutinum- se leía la Pasión, y se reservaba la parte final, la del martirio, para ser proclamada en la Misa en honor del mártir. El Pasionario pasó a segundo plano cuando a finales del siglo XI se empezó a sustituir por la liturgia romana. El Pasionario quedó para uso de los monasterios como lectura espiritual.

Cada Pasión del Pasionario hispano, pensando en su uso litúrgico, tiene tres partes:

  1. Título: el lector anuncia el nombre del mártir, la fecha del martirio según la cronología del Emperador o gobernador respectivo; la ciudad y la fecha en que se celebra litúrgicamente su aniversario, a lo que los fieles responden, como en las lecturas bíblicas de la Misa, “Demos gracias a Dios” (Deo gratias).

  2. Texto o narración..

  3. Doxología final: se glorifica a Cristo, Hijo consustancial del Padre, o a la santa Trinidad, respondiendo todos: “Amén”.

    Por ejemplo: “reinando nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios uno en la Trinidad por los siglos de los siglos” (Passio de S. Pelagio).

Así en el rito hispano-mozárabe, tal como lo prescriben las actuales rúbricas, tras la primera lectura, o Prophetia, y el psallendum (a modo de salmo responsorial), “en las principales fiestas de los mártires puede leerse aquí la continuación de su «pasión» según se encuentra en el Pasionario y a continuación el cántico de Daniel, llamado «Bendiciones»” (Oferencio, n. 10), continuando después por la lectura del “Apostolus” (Ordenación General, n. 37).

¿Sabías que...

Para construir, reformar o modificar los templos, hay que consultar a la autoridad diocesana.

Como indica el Misal en su número 291, hay que acudir a la Delegación de Liturgia de cada diócesis para construir o adaptar los espacios de las iglesias: «Para la construcción, reconstrucción y adaptación de los edificios sagrados, los interesados en ello consulten a la Comisión Diocesana de Sagrada Liturgia y de Arte Sacro».

LIBRERÍA DIOCESANA

Los silencios de San José

Michel Gasnier
Editorial Palabra • Cuadernos Palabra

El autor, Michel Gasnier, muestra a San José silencioso, siempre en la penumbra, fiel a los designios de Dios, solícito con su esposa María y protegiendo a Jesús como un buen padre de familia.

Los evangelios dedican a San José sólo unas pocas frases y no nos ofrecen ni una palabra suya. Desde esta escasa base histórica, las alusiones evangélicas y los datos de la Tradición, corroborados por los Santos Padres, el autor nos describe al hombre que veló y cuidó en la tierra de María y de Jesús.

El libro está disponible en la Librería Diocesana. Puede realizar su pedido a través del correo electrónico libreria@diocesisdecordoba.com o a través de WhatsApp 655 156 557.

AL TRASLUZ

ANTONIO GIL. Sacerdote

"El hambre es criminal"

El obispo de la Diócesis, monseñor Demetrio Fernández, comenzaba su homilía en la misa capitular, el Miércoles de Ceniza, en la Santa Iglesia Catedral, con estas palabras: “La Iglesia nos invita hoy a comenzar la cuaresma, una “cuaresma nueva”, con la perspectiva de la Pascua, -la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo-, que nos envía el Espíritu Santo, manantial de dones y de gracias”. En sus palabras, el prelado puso el acento en el binomio de esta cuaresma, cada año “nueva” para nosotros: “Primero, que todos somos pecadores; segundo, que Dios es misericordia, como se nos dice en el salmo 50: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado”.  En sus palabras finales, el Obispo quiso acentuar con fuerza la necesidad de una conversión sincera: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón”. Finalizada la homilía, tuvo lugar la bendición de la ceniza. El presidente del Cabildo Catedral, Manuel Pérez Moya, la puso al prelado, quien la fue poniendo después a los concelebrantes y a los fieles participantes en la Eucaristía.

Se alzaba así el telón de una Cuaresma “nueva”, en la catedral de Córdoba, que el Papa Francisco, en su mensaje de este año, ha definido como “un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad”. El Papa nos ofrece también las condiciones y la expresión de nuestra conversión:

  • “La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno).
  • La mirada y los gestos de amor hacia el herido (la limosna).
  • El diálogo filial con el Padre (la oración)”.

Son las tres condiciones y expresiones que nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

DIEZ AÑOS DE MISIÓN EN PICOTA

JOSÉ LUIS Y Mª DEL CARMEN

«Aprendimos una lección que debíamos imitar aquí»

José Luis y Mª del Carmen han participado en la Misión diocesana de Picota cuatro años

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

Los dos teníamos ilusión desde hace mucho tiempo de colaborar en Misiones, pero lo veíamos un poco lejano, quizás cuando nos jubilásemos. Un día de Otoño en nuestra parroquia, nuestro amigo, párroco, y Delegado de misiones: D. Antonio Evans, nos comentó que quería hablar con nosotros y nos planteó el ir a Picota. He de reconocer que yo por lo menos me quedé en blanco, en cambio M. Carmen dijo: ¿cuándo nos vamos? Anécdota aparte, nos pusimos a darle vueltas a la cabeza para ver cómo, y de qué forma nuestra colaboración podía hacerse de la mejor manera. La ilusión aumentaba día a día, así como la incertidumbre de qué nos íbamos a encontrar en aquellos lugares y el afán de hacerlo de la mejor manera. Afortunadamente para María del Carmen y para mí le siguieron después los veranos del 2014, 2015 y 2017 con la lección aprendida y trabajando con mayor ilusión si cabe.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

Lo primero que nos viene a la cabeza es el trato con aquellas personas tremendamente cercanas, sencillas, sinceras. Nos parecía mentira que unas personas carentes muchas veces de lo más esencial, nos hablaran de su experiencia espiritual, de la necesidad de tener a Dios presente en sus vidas, se sentían acogidos y agradecidos. Otro recuerdo, la disponibilidad sin límites de aquellos animadores y animadoras de los poblados de la selva, donde te acogían en sus casas y compartían contigo su comida. La entrega total de los sacerdotes misioneros con los que convivimos, Juan, Leopoldo, Paco, Francisco, y las Órdenes establecidas allí. Fue una auténtica bendición estar allí compartiendo tantos momentos con aquellos hermanos nuestros, todo sin olvidar lo gratificante de nuestra profesión, como sanitarios que somos. Inolvidable en todos los sentidos.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

El miedo inicial a la reacción que pudiesen tener ante el contacto con nosotros, se disipó al instante por su cercanía. Te enseñan que para expresar lo que uno siente, en lo que uno cree, hay que tener de todo menos vergüenza.

Hablan con total confianza de Dios, de sus experiencias, de lo que sienten, y lo comparten contigo con cercanía, sin avergonzarse. En la celebración de la Palabra, es enriquecedor ver cómo un joven o un anciano, hablan y te ofrecen una experiencia, o te plantean un interrogante, es una auténtica catequesis para los que estábamos allí. Están seguros de lo que representa Dios en sus vidas, lo transmiten, y lo comparten contigo. Otra cosa es el nexo de unión que representa la Parroquia y lo que encuentran en ella, al igual de lo que en las comunidades de la selva, donde en muchas de ellas son los propios habitantes los que han hecho su “iglesita”. Una lección a imitar por los que vivimos aquí.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana?

Al volver a tu vida cotidiana, te ocurre al contrario de lo que ocurre cuando vas para allá; vas a un lugar donde escasea todo, viniendo de un sitio donde se desperdicia de todo, y vuelves a donde se desperdicia todo, viniendo de donde falta mucho. Vienes con una escala de valores distinta a la que llevabas, al llegar, los primeros días te refugias en tus vivencias, tus recuerdos, parece mentira que hayas estado un mes sin ataderos de ningún tipo, viviendo como ellos, con lo necesario para vivir y punto. Das valor al contacto con los demás, valoras que una conversación se haga sin tapujos, sin vergüenza, sobre todo si Dios está por medio. Valoras lo que tienes, las personas que tienes a tu alrededor, llegas a plantearte con seriedad el sentido de tu vida y la misión evangélica que todo cristiano mil veces ha oído en misa.

¿Mantienes todavía vinculación con la misión diocesana?

Por supuesto que sí. Mantenemos contacto con varios componentes de los grupos en los que participamos en los distintos años, y con personas de allí. Con los sacerdotes que están y han estado allí. Cuando nos vemos es una bendición volver a revivir anécdotas, situaciones y mil cosas más vividas en Picota. Con las Obreras del Sagrado Corazón, que tienen una casa en Córdoba. Algunos enfermos como Elmer de una comunidad de la selva que se trajo a operarse a Córdoba, además de con las personas que convivimos. Lo bonito de todo esto es mantener la ilusión de volver a trabajar en aquellas tierras.