NÚMERO 732 • 7 DE MARZO DE 2021

COMEDORES SOCIALES DE LA DIÓCESIS TRAS UN AÑO DE PANDEMIA

Adaptados a la necesidad creciente

PILAR FONSECA | OTRO MODO DE PENSAR LA PRESENCIA FEMENINA

APUNTES

Nota de la CEE para la Semana Santa 2021

La Conferencia Episcopal Española ha publicado una nota en la que se recogen una serie de indicaciones también ofrecidas por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos para Semana Santa 2021 y el Triduo Pascual. Se puede consultar íntegra aquí

Nuevo Círculo de Silencio

“Economía sin trata de personas”. Con este mensaje la Delegación y Mesa diocesana de Migraciones de Córdoba convocó a los fieles a un nuevo Círculo de Silencio que tuvo lugar el jueves, 25 de febrero, en el Bulevar del Gran Capitán.

Semana Santa Chiquita en Aguilar

El pasado fin de semana fue presentado en Aguilar de la Frontera el cartel anunciador de la Semana Santa chiquita. Se trata de una instantánea tomada por el fotógrafo aguilarense Antonio Córdoba Casado con la imagen de Nuestro Padre Jesus Orando en el Huerto.

Este domingo es el Día de Hispanoamérica

Bajo el lema “Con María, unidos en la Tribulación”, el 7 de marzo se celebra el Día de Hispanoamérica. El objetivo de esta jornada constituye una acción de gracias por los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se encuentran en el continente americano. Actualmente, hay 178 en América Latina.

Suspendidas las fiestas aracelitanas

La Real Archicofradía de María Santísima de Araceli, ante la persistencia de la pandemia, ha comunicado la suspensión de las Fiestas Aracelitanas previstas para celebrarse este año entre el 1 y 4 de mayo.

VOZ DEL PASTOR

Con María, unidos en la tribulación ( Día de Hispanoamérica)

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

A lo largo del año van jalonándose distintas fechas misioneras, que nos mantienen alerta el espíritu misionero, el recuerdo del mandato de Cristo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio” (Mc 16,15). El primer domingo de marzo es el día de Hispanoamérica, este año bajo el lema “Con María, unidos en la tribulación”.

España está unida a Hispanoamérica por lazos de fe, de cultura, de lengua, etc. desde hace siglos. El descubrimiento de América por Cristóbal Colón vinculó aquellas tierras hermanas con España y han sido miles de hombres y mujeres los que han gastado su vida en la evangelización de tales países hermanos. La gesta de la evangelización de América ha sido una de las más grandes hazañas de la humanidad a lo largo de la historia. Partía de un afán misionero y con la precariedad de la época han dado su vida miles de misioneros, o en el mismo viaje naufragando, o en el agotamiento de las fuerzas al recorrer extensos territorios, siempre sometidos a privaciones, falta de medios humanos, sanitarios, culturales, etc. Llevaban consigo la alegría del Evangelio.

La Iglesia que peregrina en España no quiere olvidar esa gesta para motivar la tarea misionera del presente. En Hispanoamérica hay todavía mucho por hacer y a día de hoy son muchos hispanoamericanos los que vienen a España con una inmigración que rejuvenece nuestra población. Son 178 sacerdotes españoles actualmente los que trabajan en aquellas tierras, 3 de ellos cordobeses.

Constituyen la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispano Americana). Y junto a ellos, más religiosas y multitud de fieles laicos, que han respondido a la llamada de evangelizar América. El primer domingo de marzo hacemos memoria de esta rica realidad misionera, que tiene en España sus raíces y repercute beneficiosamente en nuestra Iglesia española.

La pandemia afecta al mundo entero, también a estos países más pobres, también a nuestros misioneros españoles destacados allí. Nuestros misioneros experimentan en estas ocasiones más que nunca el respaldo de España en todos los sentidos. Existe un lazo fuerte entre aquellas comunidades y las nuestras. La intercesión de la Virgen María, que en estos momentos de tribulación ejerce más todavía como madre de todos, sea un recurso común para continuar la tarea de evangelización. Ayudar a tantas familias contagiadas, ofrecer medidas especiales para superar la pandemia, proporcionales oxígeno, darles medicamentos. Son tareas que van anejas a los trabajos de catequesis de niños, jóvenes y adultos, coordinación con los responsables de comunidades, sacramentos de iniciación cristiana y matrimonios canónicos, la Santa Misa cuando se llega, etc. Ajustándonos todos el cinturón, podemos expresar nuestra solidaridad con los misioneros españoles que trabajan en Hispanoamérica, dándoles nuestro apoyo eclesial, afectivo y económico.

La Misión Picota es una parroquia de la Prelatura de Moyobamba/Perú, que la diócesis de Córdoba ha asumido en convenio con el obispo del lugar.

Dos sacerdotes, Rafael y Antonio, trabajando a pleno rendimiento, dos comunidades religiosas, las Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús y las Obreras del Corazón de Jesús, que atienden el hogar de las niñas y múltiples tareas parroquiales, sanitarias, asistenciales. Varios miembros del Movimiento Misionero “Sagrada Familia”, de origen norteamericano. Miles de catequistas nativos, más de un centenar de responsables de comunidades. Aquella parroquia, con más de cien comunidades, que se extiende por un territorio casi como media Andalucía, es una bendición de Dios para nosotros. Se trata como de una prolongación de la diócesis de Córdoba en territorio de misión. Y hacia allí se canalizan muchas energías espirituales y económicas de muchos cordobeses. Sigamos apoyando.

El Día de Hispanoamérica nos hace más cercanos a nuestros hermanos hispanoamericanos. “Con María, unidos en la tribulación” para salir adelante con la misión encomendada: anunciar al mundo entero el Evangelio de Jesucristo.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

EDUCAMOS ENTRE TODOS

Ana Mª Roldán Roldán. Delegada Diocesana de Enseñanza

ALCANZAR LA SABIDURÍA: ENSEÑAR EL ARTE DE VIVIR

El arte de lo inacabado

“Una muestra de sabiduría es aceptar que el tiempo no se estira, que es increíblemente breve y que, por ello, debemos vivirlo de la manera más equilibrada posible. No podemos engañarnos con la lógica de las compensaciones: el tiempo que robamos a las personas que amamos intentamos devolverlo de otra manera, haciendo planes o comprándoles esto o aquello; lo que restamos al descanso y a  la contemplación procuramos compensarlo con unas vacaciones extravagantes. Necesitamos aprender, como individuos y como sociedad, a gestionar el tiempo”

¿Cómo gestionar bien el tiempo y vivirlo de manera equilibrada? Nos encontramos ante una cuestión fundamental. Quizás de esto dependa nuestra felicidad. Tener una buena escala de valores, saber qué es lo prioritario y lo que no puede faltar en nuestra vida, dar a cada ocupación su tiempo de manera equilibrada, “solamente deseando y eligiendo lo que nos conduce al fin para el que hemos sido creados” (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales N 23).

Nos pueden ayudar estas dos consideraciones:

1.- “A veces es más importante saber acabar que saber empezar”. Cuántas veces comenzamos un proyecto con emoción y antes de concluirlo se nos presenta un objetivo nuevo que nos hace dejar lo anterior. Así pasamos de una cosa a otra, con rapidez, sin orden, sin llegar a concluir nada. Podríamos llamarlo pereza activa: nos metemos en muchos líos para no hacer lo fundamental e importante, que nos suele costar más.

2.- A veces es “más vital suspender que continuar”. “Incluso el acto de interrumpir el trabajo para reposar no nos resulta fácil, por lo menos a cierta edad. Implica, no pocas veces, un ejercicio de desprendimiento y pobreza. Aceptar que no hemos alcanzado todos los objetivos que nos habíamos propuesto. Aceptar que eso a lo que hemos llegado es solo una versión provisional, inacabada, llena de imperfecciones. Aceptar que nos faltan las fuerzas, que cierta frescura de pensamiento no la podemos obtener mecánicamente por la mera insistencia. Aceptar que tal vez mañana habremos de recomenzar de cero y por enésima vez”.

En esta segunda consideración es donde entra el arte de lo inacabado.  Nos topamos con nuestra vulnerabilidad, con la “condición inexcusable del propio ser. Ser es habitar, en creativa continuidad, la condición inacabada de uno mismo y del mundo”. No podemos hacerlo todo, no sabemos hacerlo todo, no lo comprendemos todo. Aceptar con paz nuestras limitaciones. Que no nos importe necesitar a los otros y al OTRO con mayúsculas.

Tomado de José Tolentino Mendonça

“Pequeña Teología de la lentitud” (Fragmenta Editorial)

COMEDORES SOCIALES

Adaptados a la necesidad CRECIENTE

Los comedores sociales de la Diócesis de Córdoba se han llenado durante la pandemia de voluntad y amor. El impacto del Covid en estos lugares, donde el alimento no es solo el pan, transformó la forma de atención en la entrega de la comida, pero multiplicó voluntarios y reemplazó a quienes estaban en situación de riesgo por edad. Al cumplirse un año desde el decreto del Estado de Alerta Sanitaria, estos centros reconstruyen el recuerdo de aquellos días del pasado con la mirada llena de futuro. Han cambiado los perfiles sociales de los usuarios, pero ha permanecido inalterable la labor de acogida y ayuda a la persona. Son testigo de ello párrocos y religiosas.

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VIVIR LA LITURGIA

El gesto litúrgico de golpearse el pecho

JAVIER SÁNCHEZ MARTÍNEZ
Miembro de la Delegación diocesana de Liturgia

Un gesto sencillo es el golpe en el pecho, golpearse en el pecho, durante el acto penitencial, tanto en la Misa como en la celebración comunitaria de la Penitencia con confesión y absolución individual (llamada Forma B del Sacramento de la Penitencia).

Actualmente, en el Ordinario de la Misa, se dice que a las palabras del “Yo confieso” “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”, todos se golpean en el pecho. El Misal de san Pío V señalaba que se hacía por tres veces; actualmente sólo se dice que “golpeándose el pecho, dicen…”, sin indicar una o tres veces. El “Yo confieso” pertenecía a los ritos preparatorios que rezaba el sacerdote y el acólito al pie del altar y que se incorporó poco a poco en el siglo XI en el ámbito germano; tenía un carácter privado. Se le añadió a esta confesión general de los pecados el gesto antiguo de golpearse el pecho.

Con la reforma y revisión del Misal, se introdujo el acto penitencial al inicio de la Misa para todos los fieles y así todos en común lo recitarían y todos realizarían el signo penitente de golpearse el pecho.

Es un gesto muy plástico: expresa arrepentimiento, culpabilidad, aflicción, por el pecado cometido. No se esconde uno en el anonimato ni disimula su pecado: golpeándose el pecho, se señala públicamente, reconoce la maldad, indica ante todos que ha pecado.

Ya hallamos este signo de arrepentimiento y de humildad en el publicano de la parábola. Éste “no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador’” (Lc 18,13). Así hacía el publicano su confesión ante Dios. También es expresión de dolor y de culpabilidad al mismo tiempo, es decir, viendo las consecuencias de los actos culpables, se duelen y lamentan; ante la muerte en cruz de Jesús, “toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho” (Lc 23,48).

Se emplea igualmente en la Forma B del sacramento de la Penitencia (RP 131-132), celebración comunitaria con confesión y absolución individual; los fieles, golpeándose el pecho conscientes de lo que hacen, expresarán mejor su arrepentimiento.

Y también el sacerdote, en el Canon romano, se golpea el pecho una sola vez, humildemente, al decir: “Y nosotros, pecadores, siervos tuyos…”

¿Sabías que...

durante la plegaria eucarística no debe cantarse nada ni sonar música?

La plegaria eucarística, que transcurre desde el diálogo del prefacio hasta el Amén de la doxología, es el centro y culmen. La recita solo el sacerdote. Como nos recuerda  Redemptionis Sacramentum (n 53), “mientras el sacerdote celebrante pronuncia la Plegaria Eucarística, «no se realizarán otras oraciones o cantos, y estarán en silencio el órgano y los otros instrumentos musicales», salvo las aclamaciones del pueblo”.

LIBRERÍA DIOCESANA

San José, modelo de cristiano

Pedro Beteta

La reciente Carta Apostólica del Papa Francisco, “Patris Corde”, con motivo del 150 aniversario de la declaración de san José como Patrono universal de la Iglesia ha sido el detonante de una explosión de júbilo en la Iglesia católica.

Por ello, con este libro, el autor, Pedro Beteta, desea hacerse eco del amor que profesamos al Sumo Pontífice, mostrar nuestra sumisión a sus indicaciones y cooperar, en la medida de nuestras posibilidades, sus deseos que son siempre en beneficio del pueblo cristiano.

En la obra se describe la valentía del Santo Patriarca para hacer frente a su misión de Custodio del Redentor y de su Madre, algo que solo encuentra explicación en la armonía humana y divina que alberga su personalidad.

“San José, modelo de cristiano” es un título sugerente, pues el cristiano tiene solo en Cristo su Modelo. Según el autor, “San José se identificó con su virginal Hijo hasta tal punto que es modelo de todo cristiano; de ahí, el título escogido”.

El libro está disponible en la Librería Diocesana. Puede realizar su pedido a través del correo electrónico libreria@diocesisdecordoba.com o a través de WhatsApp 655 156 557.

AL TRASLUZ

ANTONIO GIL. Sacerdote

Palabras para la Cuaresma

“¡Cuántas cuaresmas hemos vivido ya en nuestra andadura cristiana! Y sin embargo, no acabamos de “convertirnos”, es decir, no acabamos de abrirnos a la realidad de Dios, sin engañarnos, sino mostrarnos tal cual somos, para leer a Dios, escuchar, meditar, orar”. Así nos lo dice Antonio Llamas, profesor de Ciencias Bíblicas, en su “Lectio divina”, dedicada a esta cuaresma. He aqui, algunas de sus palabras y mensajes más palpitantes.

Misterio: “La Iglesia nos invita a todos a la celebración del misterio de la muerte y Resurrección del Señor. Es un misterio, pero hemos de profundizar en él, para entrar en nosotros mismos y contemplar la vivencia de la fe, la textura de nuestra esperanza y la realidad de nuestro amor”.

Conversión: “La Iglesia nos impulsa, una vez más, a “convertirnos” en nuestra vida. Convertirnos del mal y las actitudes contrarias a la fe cristiana”.

Escucha de la Palabra: “Los creyentes hemos de agudizar nuestros oídos para escuchar la Palabra, no solo lo que dice, sino escucharla de verdad, no sólo lo que dice, sino escucharla de verdad”.

Meditación: “La meditación nos conduce a gustar, regocijarnos, paladear en la lectura que hemos realizado. La voz de Cristo es única e inconfundible y nos conduce a los valores del Reino de Dios”.

Oración: “El empeño humano debe estar enraizado en la oración. “Sin Mí no podéis hacer nada”.

María: “María, Virgen y Madre, siempre a la escucha de la Palabra, nos auxilie, porque todavía no nos hemos convertido. Amén”.

Así, con esta invocación a la Virgen, finaliza el profesor Antonio Llamas, su “Lectio divina”, dedicada a la cuaresma. Hemos elegido las palabras que consideramos esenciales para “celebrarla y vivirla”, acordes con el sentir de la Iglesia, abrazados a la Cruz, trono de amor y de salvación universal.

DIEZ AÑOS DE MISIÓN EN PICOTA

MATILDE GUTIÉRREZ

«Se puede vivir con poco y ser feliz»

Matilde Gutiérrez aprendió en Picota que estamos aquí para cumplir la misión para la que el Señor nos envió

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

Desde que entré en el “año 2001” a trabajar en el Centro de Magisterio Sagrado Corazón, D. Antonio Murillo me contaba historias de cuando iba a Perú. Yo esperaba con ansia su regreso para que me hablara de allí. Siempre estuvo en mi mente “Perú”.  Era como si fuera una llamada del Señor y me decía que algún día cumpliría mi sueño.

Pues bien, junto con profesorado y alumnado del Centro, colaboraba en IDHEA (Instituto de Derechos Humanos y Educación de Andalucía), dirigido por Dª Mª Amor Martín. Entre otros proyectos, surgió la idea de ir a Picota para ver qué granito de arena podíamos aportar. En mayo de 2014 Monseñor Demetrio Fernández nos impuso la cruz misionera en la Misa de  Envío en la Santa Iglesia Catedral.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

El cariño con el que nos recibieron nada más llegar, me dejó sin palabras. Supuso un cambio grande en mi vida. Me preguntaba cómo podían ser felices aquellas personas con tan poco y con tanta pobreza. Pues por mí misma lo comprobé: con dos pantalones y tres camisetas estuve un mes y ¡me sobraba ropa¡

Una vez ya instalados, tuvimos una reunión y a cada uno de nosotros se le asignó su “misión”. Los sanitarios se iban a visitar enfermos, otros se iban al comedor parroquial a ayudar con la comida, otros a visitar las casas para hablar con ellos, etc… y por la tarde, acompañábamos a los sacerdotes “padresitos” D. Leopoldo o D. Nicolás  con las Hermanas del Sagrado Corazón y Salesianas, para la celebración de la Eucaristía a pueblos de alrededor.

Mi misión consistió en organizar la biblioteca y  acoger a niños y niñas para refuerzo escolar. Compartía mi tarea en la biblioteca con la de asistir a la “Escuelita”, escuela para niños con diferentes tipos de discapacidad, y luego ayudar en el comedor parroquial.

Me llamó la atención, en concreto, una adolescente con discapacidad auditiva, muy inteligente, que debido a su discapacidad no era admitida en ningún centro educativo. Su única opción era estar allí pero sin tener ninguna oportunidad de estudiar, que era su máxima ilusión. Le procuré material adaptado.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

Aprendí que se puede vivir con poco y ser feliz. Me enseñaron cómo viven y cómo preparan el momento de la Eucaristía, sus cantos de alabanza y su cara de alegría cuando entraban por la puerta de la parroquia. Me acuerdo de cómo lloré cuando los oí por primera vez. ¡Ahí estaba el Señor presente!

La gente te ofrece lo poco que tiene y te abre sus casas y su corazón. Tienen mucha necesidad de hablar y de compartir. Hasta en el último rincón de la selva que visitamos encontrábamos lo mismo, pobreza, humildad, agradecimiento y mucho cariño por visitarlos.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana?

Me costó volver de allí, la verdad, y aún me cuesta hablar de mi experiencia. Se me sigue haciendo un nudo en la garganta. Al llegar aquí valoras lo que tienes, familia, trabajo, ropa, educación… y eso me hizo pensar en el valor que hay que darle  a la vida y que estamos aquí para cumplir la misión para la que el Señor nos envió.

¿Mantienes todavía vinculación con la misión diocesana?

En algunas ocasiones nos hemos reunido en la Delegación de Misiones con varios compañeros para recibir a alguien que ha estado allí y ha venido a visitarnos. Una de las veces nos visitó La Hermana Ilda (Obrera del Sagrado Corazón) con la que sigo manteniendo relación por redes sociales.

Aún sigo manteniendo relación con chicos y chicas de la parroquia de Picota por redes sociales y me preguntan que cuando volveré a ir. Les digo que ganas no me faltan, que algún día volveré y que siempre los tengo presentes.