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NÚMERO 734 • 21 DE MARZO DE 2021

DÍA DEL SEMINARIO 2021

Padre y hermano, como san José

CRECEN LAS DECLARACIONES DE LA RENTA A FAVOR DE LA IGLESIA CATÓLICA

APUNTES

II Galardón Monseñor Antonio Gómez Aguilar

La parroquia de La Trinidad de Córdoba hizo entrega a las religiosas Filipenses Hijas de María Dolorosa del segundo Galardón Monseñor Antonio Gómez Aguilar que convoca la Fraternidad del Santísimo Cristo de la Providencia junto a la Fundación de La Caixa. Esta distinción reconoce anualmente la acción social y de caridad hacia las personas en situación de desvalimiento o exclusión social.

Retiro de diácono y sacerdotes

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, acudió al retiro celebrado la pasada semana en San Calixto junto a los diáconos y algunos sacerdotes de la Diócesis para celebrar la santa misa.

Retiro de la HOAC

La HOAC celebró su retiro de Cuaresma en la parroquia Nuestra Señora de Linares acompañados por algunos miembros de los grupos de la parroquia.

El Sagrado Corazón en su esplendor

El monumento del Sagrado Corazón de las Ermitas de Córdoba lució esta semana
iluminado de color verde en honor a la fiesta de San Patricio.

VOZ DEL PASTOR

Año “Familia Amoris laetitia”
19 de marzo 2021 – 26 junio 2022

“El anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia”

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

El 19 de marzo 2021 se cumplen cinco años de la publicación de la exhortación apostólica post-sinodal “Amoris laetitia” sobre el amor en la familia. Un documento magisterial, fruto de los dos Sínodos anteriores sobre la familia: el Sínodo extraordinario de 2014 y el Sínodo ordinario de 2015. Con este motivo, el Papa Francisco ha señalado como Año “Familia Amoris laetitia” el presente año, que nos prepara al Encuentro Mundial de las Familias en Roma ( junio 2022).

La familia es el camino más importante de la Iglesia, decía san Juan Pablo II en la Carta a las familias durante el Año de la Familia 1994. Y en esa misma línea repite Amoris laetitia que el bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia (n. 31). Con este documento, el Magisterio de la Iglesia se inserta en la gran tradición de enseñanzas de la Iglesia, sobre todo a partir del concilio Vaticano II, seguido del rico magisterio de san Juan Pablo II, y mirando a nuestros días y al futuro de la sociedad y de la Iglesia. “El anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia”, reza el lema de este año “Familia Amoris laetitia”, que comienza el día de san José 2021.

Es momento de volver a leer con calma esta exhortación apostólica, como Magisterio ordinario de la Iglesia, sin polarizarnos en las distintas interpretaciones, algunas contrarias entre sí.

El cuerpo doctrinal del documento nos ofrece abundantes pautas para la reflexión y la aplicación pastoral a nuestros días, y todo documento magisterial debe ser leído en el surco de la rica tradición de la Iglesia, que en este campo y durante el último siglo tiene abundantes aportaciones. Quiere el Papa Francisco que este Año de la familia nos prepare al X Encuentro Mundial de las Familias en Roma con el Papa el 26 de junio de 2022.

Nuestra Delegación diocesana de Familia y Vida se ha puesto en marcha para impulsar los objetivos que la Iglesia nos señala en este Año “Familia Amoris laetitia”. Lo ha presentado en el Consejo Diocesano de Pastoral, y destaco entre todas esas iniciativas la “Peregrinación de las reliquias de san Juan Pablo II a las familias. Abrid las puertas a Cristo”, que puede solicitarse desde cada parroquia. Juan Pablo II, el “Papa de la familia”, como le ha titulado Francisco, estará muy presente en todo este Año de la Familia, porque su doctrina sigue aportando grandes luces, sobre todo en la “Teología del cuerpo” y en la aplicación de la encíclica Humanae vitae de Pablo VI.

Este año largo fija como 12 propuestas, a concretar en cada diócesis y parroquia: 1) la preparación al matrimonio con nuevos itinerarios catecumenales (AL 205-222); 2) que los matrimonios caigan en la cuenta de la riqueza del sacramento nupcial, a través de acompañamiento, retiros, ejercicios, etc. (AL 58ss y 223-230);

3) encuentros con los padres sobre la educación de sus hijos (AL 172ss y 259-290); 4) reflexión sobre la belleza y las dificultades de la vida familiar (AL 32ss y 89ss); 5) acompañar a parejas en crisis para reforzar (AL 232ss); 6) insertar a las familias en las instituciones de Iglesia, preparar agentes, sacerdotes, seminaristas; y valorar iglesia doméstica (AL 86-88, 200-202); 7) promover la vocación misionera (AL 201, 230 y 324); 8) desarrollar una pastoral de las personas mayores (AL 191-193); 9) involucrar a la pastoral juvenil en este año, con puntos que interesan: familias, matrimonio, castidad, ecología, pobres. Incluir a los niños; 10) Preparar el Encuentro Mundial de las Familias en Roma (junio 2022); 11) iniciativas de acompañamiento a familias heridas (AL 50, 241ss, 291ss); 12) grupos de lectura y profundización en Amoris laetitia (AL 199ss).

Un amplio programa que abarca todos los sectores de pastoral. La familia no es el problema, la familia es la solución. En el proyecto de Dios, la familia constituida por el varón y la mujer, de donde brota la vida, sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy. Vale la pena apoyarla y difundir sus beneficios. Oramos por los frutos de este año.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

EDUCAMOS ENTRE TODOS

Ana Mª Roldán Roldán. Delegada Diocesana de Enseñanza

ALCANZAR LA SABIDURÍA: ENSEÑAR EL ARTE DE VIVIR

El arte de agradecer lo que no nos dan

“Lo más común es agradecer lo que nos ha sido dado”. “Si hiciéramos una lista de todo lo que hemos recibido de los demás (es una pena que no hagamos este ejercicio más a menudo) comprenderíamos que en muchos sentidos somos la obra de los otros… Somos el resultado de una cadena innumerable de encuentros, de gestos, de buenas voluntades, siembras, caricias, afectos. Nos inspiramos y nos apropiamos del sentido de vidas que no son nuestras, pero que se inclinan pacientemente hacia nosotros, y así nos iluminan y nos arraigan en la confianza”.

Podríamos decir, con el autor que está inspirando estos artículos, que “nuestras vidas son un receptáculo del don. Como una pura dádiva recibimos el bien más preciado, la vida, y del mismo modo gratuito hemos experimentado, y lo seguimos haciendo, que somos protegidos, cuidados, acogidos y amados”. Aunque es verdad que otras muchas cosas dependen de nuestro esfuerzo y nuestro talento y son conquista nuestra.

Recibimos hoy una invitación a “pensar en la importancia de lo que no nos dan” y a saber agradecerlo. Partimos para ello de “las palabras reveladoras de una amiga:

Me gusta agradecerle a Dios todo cuanto me da, es siempre tanto que no tengo palabras para describirlo. Pero siento que debo agradecerle también lo que no me da, las cosas buenas que no he tenido, e incluso los que tanto he pedido y deseado y no he llegado a disfrutar. El hecho de que no me haya concedido alguna de ellas me ha obligado a descubrir en mí fuerzas insospechadas y, en cierto modo, me ha permitido ser yo”.

Esto requiere una transformación radical de nuestra actitud interior. “Hacerse adulto por dentro no es precisamente un parto instantáneo e indoloro. En todo caso, mientras no le agradezcamos a Dios, a la vida y a los demás lo que no nos han dado, parece que nuestra oración queda incompleta. Podemos fácilmente seguir alimentando el resentimiento por lo que no nos ha sido dado, comparándonos con otras personas y considerándonos injustamente tratados, lamentando la dureza de lo que en cada etapa no corresponde a lo que habíamos imaginado. O podemos mirar lo que no nos ha sido dado como la oportunidad, si bien misteriosa, si bien a la inversa, para iniciar un camino de perfección… y de resurrección”.

Es la actitud heroica de emplear todo en la vida como una oportunidad de crecimiento, de maduración interior, que nos haga dar ese salto cualitativo que nos ayude a alcanzar la verdadera sabiduría. No es hacernos unos conformistas con todo, sino saber ver en todo la mano providente de Dios que lo sabe emplear  para nuestro bien.

Tomado de José Tolentino Mendonça

“Pequeña Teología de la lentitud” (Fragmenta Editorial)

DÍA DEL SEMINARIO 2021

Padre y hermano, como San José

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VIVIR LA LITURGIA

Preparando el cirio pascual (y sus pinturas si hace falta)

JAVIER SÁNCHEZ MARTÍNEZ
Miembro de la Delegación diocesana de Liturgia

El cirio pascual el signo de Cristo mismo Resucitado, Señor y Dueño de la historia. Es un cirio hermoso, relativamente grande, y donde destaca –y el sacerdote lo signará en el rito del lucernario- una cruz con la fecha del año en curso, el Alfa y la Omega, y, si se quiere, los cinco granos de incienso. Eso es lo que debe destacar en el cirio pascual.

Precioso el significado: la cruz, el alfa y la omega, con el año en curso, grabado en el centro del cirio pascual, bien visible, por parte del celebrante en los ritos iniciales de la Vigilia pascual. “El significado del rito es claro: evidencia que Cristo es el Señor del tiempo, su principio y su cumplimiento; cada año, cada día y cada momento son abarcados por su Encarnación y Resurrección, para de este modo encontrarse de nuevo en la «plenitud de los tiempos»” (Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, n. 10).

Lo normal –lo tradicional, lo habitual- era grabar la cera con un punzón, y así se sigue indicando que, entre las cosas que hay que preparar para la Vigilia, figura “un punzón” (CE 336).

De ahí se pasó a dejarlo ya pintado previamente de modo que la pintura fue cobrando tal relieve e importancia, que de unas franjas o cenefas de adorno se fueron desarrollando la pintura y los adornos hasta el punto de que la cruz pasó a ser algo secundario, muy pequeña o disimulada entre pinturas y exorno.

Ningún elemento, ni pinturas, ni láminas, ni dibujos, deben ocultar o disminuir la importancia de la Cruz con el año que debe resaltar sobre todo.

Hace falta mesura, buen gusto, criterio litúrgico con el cirio pascual, respetar su sentido, que es puramente cristológico. El cirio pascual es signo del mismo Señor Resucitado, Luz del mundo, que vence las tinieblas y por ello no necesita añadidos. La Cruz del Señor en el cirio, destacando grande en el centro, marca el sentido del sacrificio pascual, hecho presente en nuestra vida (en este caso, año 2021), y es Él el principio y el fin de la historia entera.

Colocado junto al ambón, según las normas y tradición del rito romano, iluminará las lecturas de las Escrituras, desvelando su sentido: ¡la ley, los profetas y los salmos anunciaban a Cristo (cf. Lc 24,44)!

¿Sabías que...

es muy importante el canto para la Misa dominical?

Téngase en gran estima el uso del canto en la celebración de la Misa, teniendo en cuenta las posibilidades de cada asamblea litúrgica. Se puede usar el canto para todos los textos que se destinan a ser cantados (saludos, diálogos, aclamaciones, oraciones) y hay que procurar que de ningún modo falte el canto de los ministros y del pueblo en las celebraciones de los domingos y fiestas de precepto (OGMR 40).

LIBRERÍA DIOCESANA

Diez cosas que el Papa Francisco quiere que sepas sobre San José

Carlos Martínez Oliveras (Ed.)
Publicaciones Claretianas

Con motivo del año de San José, el autor de esta sencilla obra, Carlos Martínez Oliveras, extrae diez subrayados que el papa Francisco ofrece en su magisterio sobre la figura de este santo del cual él mismo se confiesa como gran devoto. Diez ideas clave sobre la importancia de san José como modelo para todo el pueblo de Dios.

Del santo podemos aprender muchas virtudes y podemos extraer también sabiduría para vivir en clave cristiana ofreciendo al Señor una vida que quiere responder a su voluntad. Un libro que, sin duda, puede acompañar muy bien la reflexión sobre la figura de quien es patrono de la Iglesia universal, precisamente, en el Año especial a él dedicado. El Año de san José es tiempo propicio para acercarse al gran «santo y carpintero», cuya devoción se extiende por todo el mundo.

El libro está disponible en la Librería Diocesana. Puede realizar su pedido a través del correo electrónico libreria@diocesisdecordoba.com o a través de WhatsApp 655 156 557.

AL TRASLUZ

ANTONIO GIL. Sacerdote

San José, patrono de los Seminarios

El 19 de marzo celebramos la solemnidad de san José, esposo de Santa María, custodio de nuestro Señor, patrono de la Iglesia, patrono también de los Seminarios y modelo para los sacerdotes. En esta fecha, la Iglesia quiere que hagamos memoria del valor que tiene para cualquier comunidad cristiana la misión del pastor, la tarea del presbítero, la presencia y el servicio del sacerdote y su adecuada preparación para el sagrado ministerio. Y las diócesis celebran también el Día del Seminario, este año bajo el lema “Padre y hermano como san José”, promoviendo una campaña centrada en las vocaciones, en la figura del sacerdote, en la formación y en las necesidades de los seminaristas. Tengamos la convicción de que Dios sigue llamando y que Cristo es el principal promotor vocacional. Dirijamos a Él nuestra plegaria encendida:

“Danos, Señor, sacerdotes santos, conforme a las exigencias de tu Evangelio y a la medida de tu Corazón. Sacerdotes que se entreguen generosamente a celebrar, vivir y realizar esas tres hermosas tareas que le encomienda la Iglesia el día de su ordenación: Maestros de la Palabra, ministros de los sacramentos, guías de la comunidad, sin más horario que la disponibilidad total a la voluntad de Dios y la fidelidad generosa a la misión encomendada por la Iglesia, a través del pastor diocesano. Danos, Señor, sacerdotes que, en bellísima expresión del papa Francisco, sean “apóstoles con Cristo y como Cristo, compañeros de viaje y servidores de los hombres, conscientes de nuestra llamada a la santidad para no crear una contradicción entre el signo que somos y la realidad que queremos significar”. Danos, Señor, sacerdotes alegres, con la sonrisa de Dios a flor de alma. Por Ti sabemos que no somos caminantes hacia el abismo, hacia el silencio de la nada o de la muerte, sino viajeros hacia una tierra de promisión, como también subraya con fuerza el Pontífice. Danos sacerdotes para esta hora, para esta humanidad que tanto necesita de la curación de sus heridas y de horizontes de luz y de esperanza. Sacerdotes auténticos y audaces, sencillos y cercanos, comprensivos y compasivos, que con nuestro comportamiento edifiquemos a nuestros hermanos, como nos pedía nuestro santo patrono, san Juan de Ávila”.