NÚMERO 735 • 28 DE MARZO DE 2021

SEMANA SANTA 2021

Los misterios de la redención humana

CAUSA DE CANONIZACIÓN DE PEDRO MANUEL SALADO, DEL HOGAR DE NAZARET

APUNTES

Santa Misa Crismal

El Martes Santo los sacerdotes celebran junto al Obispo la Solemne Misa Crismal, a las 10:30 horas, en la Santa Iglesia Catedral, en la que renovarán las promesas sacerdotales, se consagrará el Santo Crisma y se bendecirán los demás Óleos.

El pregón más especial de Semana Santa

El Gran Teatro acogió el Pregón de la Semana Santa que fue un recuerdo especial de pregones que han tenido lugar en años anteriores. En el acto se realizó la entrega de las distinciones de Cofrade Ejemplar 2020 y 2021.

Miserere ante Jesús Nazareno

El Obispo de Córdoba participó en el Miserere y la bendición de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Lucena, acompañado de la junta de gobierno y los sacerdotes de la ciudad.

Lunes de Pascua, cerrado el Obispado

El lunes de Pascua, 5 de abril, las oficinas del Obispado permanecerán cerradas al público.

VOZ DEL PASTOR

Custodios de la vida

Jornada por la Vida 2021

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

El 25 de marzo celebramos cada año la solemnidad de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María virgen, nueve meses antes de su nacimiento para el 25 diciembre. Es la fiesta de la vida, el momento en que el Hijo de Dios se hizo célula viviente, embrión humano. En ese momento recibió un alma creada, que unida a su carne, constituye una naturaleza humana completa: la humanidad en la que se ha expresado Dios por medio de su Hijo. Todo lo que el Verbo ha tocado ha quedado sanado, ha quedado redimido. También esta realidad de  la concepción humana, del inicio de la vida humana en el seno materno. También la muerte asumida con amor y como expresión del amor más grande.

Nuestra cultura, donde la libertad está exacerbada, quiere disponer de la vida. Utiliza incluso todos los avances de la ciencia para la fecundación artificial, para la manipulación de embriones, para suprimir incluso la vida naciente, cuando puede resultar incómoda. O cortar su final natural mediante la eutanasia, cuando ya no existen cuidados amorosos. El hombre contemporáneo quiere atribuirse el papel de Dios en el campo de la vida.

La Jornada por la Vida viene a recordarnos que el hombre no es dueño absoluto de la vida, porque la vida siempre es un don de Dios y constituye el primero y fundamental derecho de toda persona humana.

Cuando Dios ha dado su Ley fundamental, en el quinto mandamiento nos dice: “No matarás”. Nunca hay motivo para suprimir una vida humana, y menos cuando ésta es inocente, o cuando es débil, frágil y vulnerable.

Estamos en el Año de san José. Él recibió una misión en relación con la vida de su esposa María y de su hijo Jesús. Él fue verdadero custodio de la vida, cuidador vigilante de la vida de su esposa y de su hijo, sobre todo cuando éstos estaban en peligro. Toda la ternura de un padre aparece cuando José toma a María y al Niño de su vientre, que viene del Espíritu Santo, y les da la cobertura de su seguridad y de su cuidado. Cuando tiene que huir a país extranjero o regresar a su patria. San José ha puesto su vida entera al servicio de la vida. No pensó si la vida era o no era conveniente, no calculó si los trabajos valían la pena, no adoptó nunca una actitud de egoísmo, sino que puso su vida al servicio de la vida, y eso le hizo feliz, porque cumplió así la voluntad de Dios.

La Jornada por la Vida este año quiere ponernos delante de los ojos a san José, custodio de la vida, para que aprendamos de él a custodiar la vida, la nuestra y la de los demás. El dragón rojo del Apocalipsis está al acecho para devorar al niño cuando nazca (Ap 12,4). Herodes mandó matar a todos los niños de menos de dos años para eliminar a Jesús (Mt 2,16), pero éste ya había huido a Egipto con José y con María.

En España cada año son eliminados más de cien mil niños por el aborto procurado. A partir de ahora tendremos cifras de las personas mayores que han sido eliminadas antes de su fin natural y de todas aquellas que han decidido quitarse la vida, y son ayudados a ello por personal sanitario. La vida está en peligro. Necesitamos urgentemente “custodios de la vida”, que salgan al paso del dragón rojo y de Herodes, como hizo san José.

Cuando Dios está ausente, cuando no se cuenta con Dios para nada, hasta la vida humana corre peligro. Entonces, el hombre se considera dueño absoluto de su vida y de la vida ajena en su origen y en su final, la vida corre peligro. La sociedad y sus leyes se elaboran al servicio de estos intereses. Por eso, los creyentes de cualquier religión, y los cristianos más todavía, somos amantes de la vida, custodios de la vida, como san José. La vida es un don de Dios y nosotros hemos de protegerla, ser “custodios de la vida”.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

EDUCAMOS ENTRE TODOS

Ana Mª Roldán Roldán. Delegada Diocesana de Enseñanza

ALCANZAR LA SABIDURÍA: ENSEÑAR EL ARTE DE VIVIR

El arte del cuidado y de la compasión

Estamos inmersos en una cultura en la que el valor de las cosas y de las personas se mide por el dinero que alguien esté dispuesto a pagar por ellas. El valor de una persona puede haberse convertido en una mercancía, en nada diferente a los otros sectores comerciales. Esto debería hacer que nos echáramos a temblar.

Se hace necesario reflexionar “sobre la maternidad, la enfermedad, los lazos familiares y, especialmente, sobre las formas de relacionarse con la alteridad cuando el otro está como perdido en los inextricables laberintos del dolor y la memoria”. Pensemos  en el mundo de los ancianos, “un mundo humanísimo en el que los derechos son relativizados y sobre el que ha recaído una condena de invisibilidad”.

“Nuestras sociedades son conglomerados de hijos que no saben qué hacer con los padres, que consideran la vejez un obstáculo y un atraso, que hacen todo lo posible por ocultar la vulnerabilidad porque carecen de recursos para dialogar con ella”. Así se explica el aislamiento al que son confinados los ancianos.

“En el dolor ajeno intuimos un sufrimiento que puede llegar a ser nuestro y preferimos alienarnos de cualquier manera, mediante la huida o el fingimiento”. Los modelos en boga van por otra línea, que nos hace evitar la compasión: éxito, bienestar, salud, competitividad… ¿No está todo esto lejos de la verdadera sabiduría?

Sin embargo, en este mundo, nada tiene más sentido que la compasión (Emmanuel Levinas).

“La compasión es esa particular relación humana que paradójicamente comienza ahí, cuando necesitamos que nos cuiden y somos correspondidos por una presencia amiga. El grito del que sufre nos llega con frecuencia sin palabras: el silencio indefenso lo dice todo, la vida aún más desnuda que de costumbre, la mirada herida por la adversidad. La compasión deviene escucha, sintonía, responsabilidad por la vida, elección solidaria, gestos, permanencia”.

Compasión significa sufrir con el otro, que no sufrir en el lugar del otro o proyectándose en él. Esto también hay que aprenderlo. “Compadecerse significa sufrir el sufrimiento del otro como otro… Sabemos que no podemos curar, pero que, tanto o más que la cura, lo que importa es estar presentes”.

En el Evangelio encontramos una escuela de compasión. Aprendamos en él el arte del cuidado y de la compasión.

Tomado de José Tolentino Mendonça

“Pequeña Teología de la lentitud” (Fragmenta Editorial)

La fecha de la PASCUA

El Misterio Pascual cristiano se celebra el 14 de nisán, durante la Pascua judía. La última cena de Jesús discípulos tuvo lugar en el entorno previo a ese día
La fecha en que se celebra la Semana Santa cada año tiene una profunda fundamentación. La pascua hebrea conmemora la liberación de Egipto por el Señor. En el Nuevo Testamento, Jesús da un nuevo sentido a la Pascua mediante otro acto de liberación: su muerte en la cruz para librar al mundo del pecado. Lo que la Pascua judía anticipaba o anunciaba, ahora se cumple, se realiza de verdad con la Pascua de Cristo.

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VIVIR LA LITURGIA

Signarse y santiguarse en la liturgia

JAVIER SÁNCHEZ MARTÍNEZ
Miembro de la Delegación diocesana de Liturgia

Muy pronto la cruz se incorporó como un signo en la liturgia.

La entrada en el catecumenado consiste en trazar la señal de la cruz en la frente del catecúmeno: “Recibe la cruz en la frente: Cristo mismo te fortalece con la señal de su caridad. Aprende ahora a conocerle y a seguirle” (RICA 83).

En el bautismo de niños, se les dice: “La Iglesia de Dios os recibe con gran alegría. Yo en su nombre os signo con la señal de Cristo salvador” (RBN 114).

La cruz será la señal en la frente de los elegidos; con la cruz somos crismados para recibir, por esta señal, el Don del Espíritu Santo, en el rito de la Confirmación (RC 34). Por la cruz nos vienen todos los bienes, toda gracia.

Al inicio de la santa Misa, el sacerdote pronuncia las palabras “En el nombre del Padre y del Hijo…” mientras todos se santiguan  y responden: “Amén” (IGMR 124).

Al leer el evangelio, se signa la página y diácono y fieles, trazan la cruz en la frente, labios, y pecho, por reverencia a la Palabra que se va a proclamar (cf. IGMR 133-134).

En las Misas más solemnes, es rito exclusivo del obispo bendecir con el Evangeliario trazando la señal de la cruz.

Por último, los fieles se santiguan con la bendición final que imparte el sacerdote respondiendo “Amén” (IGMR 167).

Trazando la señal de la cruz y con las palabras: “Y yo te absuelvo de tus pecados…”, se confiere el perdón de los pecados en la Penitencia (RP 19).

En la Liturgia de las Horas, todos se santiguan al decir “Dios mío, ven en mi auxilio” o se signan los labios al inicio: “Señor, ábreme los labios”; en los cánticos evangélicos del Benedictus, Magníficat y Nunc dimittis, todos se santiguan.

Con todo cuidado tracemos reverentemente la señal de la cruz al santiguarnos (de la frente al pecho, del hombro izquierdo al derecho), o signarnos bien en la frente, labios y pecho, despacio y conscientes del valor de la Cruz, con gran amor.

“¡Si vuestro sitio es ése: al pie de la cruz! ¿Cómo?… Procurando en vosotras y en las demás signarse y santiguarse bien y lentamente, a ver si hacemos desaparecer esos garabatos que innumerables cristianos trazan en el aire o sobre la cara y pecho en lugar de la cruz” (San Manuel González, Florecillas de Sagrario, Obras, nº 717).

¿Sabías que...

excepto la Pasión del Señor, ninguna lectura se reparte entre varios lectores?

La Ordenación General del Misal Romano dice, en el número 109, que «en ningún caso puede repartirse entre varios un mismo elemento de la celebración; por ejemplo que una misma lectura sea leída por dos, uno después de otro, salvo que se trate de la Pasión del Señor».

LIBRERÍA DIOCESANA

Semana Santa en los pinceles de Berzosa

Raúl Berzosa Martínez / Salvador Aguilera López
Editorial Palabra • Colección Grandes obras

El presente libro, titulado la “Semana Santa en los pinceles de Berzosa”, quiere ser una guía espiritual para vivir la semana más importante del año litúrgico. Qué mejor manera de hacerlo que con las maravillosas obras del pintor Raúl Berzosa, las cuales nos ayudarán a la meditación visual de esta, complementadas con pasajes de la Biblia que nos relatan los hechos acaecidos en esos días.

Como colofón de este precioso libro y para conmemorar el misterio redentor de Dios, se incluyen las palabras de los tres últimos Papas: san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. A través de una cuidada selección de textos de algunas homilías o audiencias generales, nos dan su interpretación y explicación de estos acontecimientos. Nos permitirá acompañar a Jesús y seguir sus pasos, además de ayudarnos a reflexionar y vivir de una manera plena la Semana Santa, haciendo accesible a los sentidos el misterio escondido revelado en Jesucristo.

El libro está disponible en la Librería Diocesana. Puede realizar su pedido a través del correo electrónico libreria@diocesisdecordoba.com o a través de WhatsApp 655 156 557.

AL TRASLUZ

ANTONIO GIL. Sacerdote

La Semana Santa del corazón

Nos disponemos ya a celebrar la semana más importante del año, la Semana Mayor, la Semana Santa, sin procesiones por nuestras calles, debido a la pandemia que nos golpea todavía, pero con la devoción y el fervor a punto, en torno a nuestras imágenes. Será, sobre todo, una Semana Santa del corazón. Desde el Domingo de Ramos, hasta el Domingo de Pascua, la liturgia de la Iglesia, esplendorosa y magnífica, nos hace revivir intensamente el drama de la pasión y muerte de Jesús, coronada con el esplendor de su Resurrección.

Domingo de Ramos: Este domingo, llamado “de Ramos”, nos sitúa en el pórtico de los días santos de nuestra redención. Se trata del máximo drama de la humanidad, el de su propia redención. Jesús nos invita en estos días a vivir su cruz. En estos dias santos revivimos la muerte de Jesús para resucitar con él y en él. Y este es el sentido de la aclamación hoy del pueblo sencillo a Jesús. Aplaude la victoria contra el mal, contra el orgullo y la violencia. Y aplaude nuestra gloriosa resurrección en él.

Martes santo: Misa crismal en la Catedral, presidida por nuestro obispo, en la que los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales, respondiendo a la pregunta del prelado: “¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con Él?”.

Jueves Santo: El lavatorio de los pies, el mandamiento nuevo, la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio. Humildad y servicialidad plena; amar al mundo como Dios lo ama, y al prójimo como Dios nos ama; aprender para siempre “la cultura de la eucaristía” y contemplar a los sacerdotes como “otros Cristos” en medio de nosotros.

Viernes Santo: La Cruz, trono de amor, cátedra de sabiduría y fortaleza, árbol de vida eterna, altavoz universal de salvación.

Vigilia pascual: En la Vigilia pascual, todo es nuevo. La bendición del fuego, la luz del cirio pascual, el agua de las pilas bautismales, símbolo de vida. Cristo resucitado se hace presente en medio de nosotros.

Domingo de resurrección: Un doble compromiso. Primero, resucitar las “zonas muertas” de nuestra vida. Segundo, transmitir la resurrección de Jesús a los demás, no sólo como “enseñantes” sino como “testigos” de su vida nueva.