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NÚMERO 738 • 25 DE ABRIL DE 2021

II CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE HISTORIA DE LOS MOZÁRABES

La historia de los mozárabes, un legado compartido

MARÍA JESÚS FERNÁNDEZ CORDERO EN EL CONGRESO INTERNACIONAL

APUNTES

Asamblea plenaria de la CEE

Monseñor Demetrio Fernández participó en la Asamblea Plenaria de los obispos españoles celebrada en la Conferencia Episcopal del 19 al 23 de abril.

El Vicario de la ciudad, Jesús Poyato, administró el sacramento de la Confirmación a uno de los Grupos Cordare de Santa Victoria.
Un grupo de fieles de Ntra. Sra. de Belén recibió el Sacramento de la Confirmación de manos del Vicario de la ciudad.
Bodas de oro sacerdotales de Enrique Díaz Oria

La ceremonia estuvo presidida por el arzobispo de Burgos, monseñor Mario Iceta, el pasado 10 de abril, en la parroquia de la Asunción de Priego de Córdoba.

VOZ DEL PASTOR

El buen pastor que da la vida

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

Llegados al cuarto domingo de Pascua nos encontramos con la figura atrayente del buen Pastor, Jesucristo. Una imagen que da para mucho, tanto en la antigua tradición bíblica, como en la conciencia de Jesús y en toda la tradición posterior de la Iglesia.

En el Antiguo Testamento, Dios comunica su amor por medio de esta imagen, tan cercana y expresiva para una cultura que vive de sus rebaños y del cuidado de quienes los pastorean. Con esta imagen, los profetas han reclamado la fidelidad de un pueblo que se mareaba con los atractivos de los ídolos y con esta imagen han hostigado a los pastores que buscaban su provecho personal y no el de las ovejas. En un arrebato de celo, Dios llega a decir: “Yo mismo apacentaré a mis ovejas… para que no anden dispersas en los días de nubarrones y tormentas” (Ez 34).

En este contexto pastoril, Jesús se presenta diciendo: “Yo soy el buen pastor, que conozco a mis ovejas y doy la vida por ellas”, al tiempo que contrapone a los malos pastores, los asalariados, que no les importan las ovejas, sino que se aprovechan de ellas y, cuando viene el lobo, huyen y no defienden a las ovejas.

Esta imagen del buen pastor ha encandilado a los místicos en la larga tradición de la Iglesia. Desde muy pronto, la iconografía cristiana se familiarizó con esta imagen, suscitando comentarios bíblicos y teológicos de la más alta espiritualidad.

“Pastor que con tus silbos amorosos / me despertaste del profundo sueño / Tú que hiciste cayado de ese leño, / en que tiendes los brazos poderosos” (Lope de Vega). O este otro: “Un pastorcillo solo está penado / ajeno de placer y de contento / y en su pastora ha puesto el pensamiento / y le pecho del amor muy lastimado» (San Juan de la Cruz).

Es una imagen que suscita ternura, que da seguridad, que lanza a un amor más puro y entregado. La imagen de Jesús cargando con la oveja perdida, que acaba de rescatar, suscita ternura en quien se siente identificado con esa oveja, a la que Jesús no maltrata ni pide cuentas, sino a la que acaricia y trata con cariño.

En este domingo del buen pastor, la Iglesia nos llama la atención acerca de las vocaciones de especial consagración, la de todos aquellos hombres y mujeres que hacen presente en el mundo de hoy la ternura del buen Pastor, tocando las heridas de nuestra humanidad sufriente para sanarlas. Hombres y mujeres dedicados a la atención a los pobres, a los enfermos, a los ancianos, a los emigrantes, a los descartados de cualquier tipo. Personas dedicadas a la educación de los niños y los jóvenes. Manos tendidas a los que sufren violencia, maltrato, abusos, injusticia. Corazones entregados a Cristo para hacer presente su ternura de buen pastor hoy entre los hombres. Sacerdotes que prolongan la presencia de Cristo buen pastor en el servicio y con la autoridad de Cristo.

Este domingo es la Jornada mundial de oración por las vocaciones, con el lema “¿Para quién soy yo? Quiere suscitar sobre todo en los jóvenes cuál es el sentido de su vida, para quién quieren vivir su vida, a quién quieren entregarla. Y a todos los fieles recordarnos la necesidad de que todas esas vocaciones vayan acompañadas de nuestro interés y oración. Jesucristo buen pastor sigue llamando para buscar a los que están abatidos y necesita corazones y brazos que lo hagan presente. Toda vocación tiene como fundamento ese encuentro con el Señor. Si la vida se vive para provecho propio, la vocación no tiene sentido, ni siquiera se plantea. Sólo cuando se descubre que la vida es un regalo de Dios con una finalidad, con unos beneficiarios, entonces se plantea la pregunta y para qué, para quién he de vivir. Oremos por las vocaciones consagradas, por los sacerdotes, por todos los que viven su vida para el Señor y para bien de los demás. La vida es muy bonita cuando se vive como el buen Pastor, para dar la vida por los demás.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

EDUCAMOS ENTRE TODOS

Ana Mª Roldán Roldán. Delegada Diocesana de Enseñanza

Alcanzar la sabiduría: Enseñar el arte de vivir

El arte de la perseverancia

El autor que inspira estos artículos se pregunta: “¿Qué significado puede tener hacer un elogio de la perseverancia cuando parece completamente erradicada de nuestro léxico, al tiempo que asistimos al triunfo de palabras novísimas como flexibilidad, movilidad, eventualidad o negociación?”. “Sospecho que nos hemos desentendido de ella en una cultura dominada por lo provisional, que usa y abusa de los contratos temporales, y a veces ni siquiera eso, tanto en las relaciones personales e íntimas como en un ambiente social más amplio”.

“Durante generaciones, la perseverancia hacía referencia a un modo de vida, a la actitud moral de quien se mantiene fiel a su camino y a sus convicciones, aun previendo que eso tiene un coste… La perseverancia significaba no dejar a la mitad la obra comenzada, insistir con todas las fuerzas y no cejar hasta el final”. No significa ser cabezota, ni cumplir con lo que uno se ha propuesto por el hecho de haberlo decidido, sino de vivir con la fuerza que da la esperanza de un objetivo espiritual o material que nos lleva a una meta. Una meta que dignifica la existencia, que nos lleva a persistir en el bien y a cumplir la voluntad de Dios.

Como nos aclara Santo Tomás, la perseverancia es una insistencia estable y permanente en lo que uno ha emprendido con razón.

“Vivimos en un tiempo en que nos violenta hablar de metas… se desconfía de la bondad de los caminos largos y arduos, como son los de toda persona y toda sociedad digna de este nombre”. Pero todos sabemos, por experiencia, que lo que vale la pena, lo que dura para siempre y nos llena de verdad, lleva su tiempo, su lucha, requiere constancia ante las dificultades que siempre se presentan.

“la constancia enseña la resistencia a los impedimentos externos, aquellos con los que ya contábamos y los que, siempre desde el exterior, nos asaltan bruscamente. El arte de la perseverancia es otro. Tiene que ver con las dificultades internas, inherentes al camino o a la decisión tomada. El arte de la perseverancia no es un combate de determinados días o estaciones: es, eso sí, un combate en todo momento y en todas las etapas que transitamos. Un combate interior para mantener en el tiempo ya la duración, ya la intensidad de lo prometido: una tare, un deseo, un compromiso, una palabra, una amistad o un amor”.

Necesitamos una educación orientada hacia la perseverancia, hacia esta virtud que nos ayuda a alcanzar las metas que merecen la pena en la vida.

Tomado de José Tolentino Mendonça

“Pequeña Teología de la lentitud” (Fragmenta Editorial)

II CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE HISTORIA DE LOS MOZÁRABES

La historia de los mozárabes,

un legado compartido

Más de cincuenta especialistas han puesto el foco de atención de sus estudios en un grupo humano que, con evidentes repercusiones en el mundo actual, hunde sus raíces en el período tardovisigodo, a través del II Congreso Internacional sobre Historia de los Mozárabes celebrado en Córdoba del 15 al 18 de abril.

El Congreso, de carácter semipresencial debido a las condiciones sanitarias, ha contado con más de 1.600 inscritos de manera telemática y 250 asistentes presenciales. Ha sido retransmitido íntegramente por streaming a través del canal de YouTube del Cabildo Catedral, lo que ha generado más de 17.000 visualizaciones con una duración media de casi 20 minutos por sesión y desde un innumerable número de países extranjeros como México, EEUU, Italia, Argentina, Chile, Francia, Hungría o Suecia.

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VIVIR LA LITURGIA

Recibir un sacramento participando

JAVIER SÁNCHEZ MARTÍNEZ
Miembro de la Delegación diocesana de Liturgia

Los sacramentos son preciosos y humildes tesoros, dones del Señor, que se nos dan para vivir en gracia, para santificarnos. No los tomamos por nosotros mismos, se nos entregan, para que los recibamos como un Don.

La santa liturgia por ello tiene como protagonista central a Jesucristo que nos comunica, por su Misterio pascual, su propia vida, y el Espíritu Santo, que se derrama abundantemente en cada sacramento con gracias y efectos distintos.

El peligro ya difundido es querer hacer de la liturgia un acto, con tono catequético, lúdico, distraído, donde al final es la propia comunidad la que se celebra a sí misma, desplazando a Cristo y su Espíritu. Eso se muestra cuando la liturgia olvida su sacralidad, devoción, espiritualidad, y adopta las formas de fiesta humana, sin un hondo espíritu religioso, de fe, de adoración.

Forma excelente de participación en la liturgia es recibir algún sacramento (Bautismo, Confirmación, Matrimonio…), que requiere discreción, fe y plegaria y ese es su modo peculiar y único de participación plena, consciente, activa, sin que eso suponga erigirse además en monitores, lectores, etc.

Su modo de participación concreto es vivir con paz y con devoción el sacramento que están recibiendo.

Por ejemplo, las “primeras comuniones”. Los niños participan a su modo propio, es decir, uniéndose a Cristo y recibiéndole por primera vez en el Sacramento eucarístico: así participan plenamente. Podrán –como los neófitos o los confirmandos- aportar la materia del sacrificio, presentando el pan y el vino. Los niños participan del modo que les es propio y único: comulgando por vez primera, con tranquilidad. Otros adultos desempeñarán los ministerios: canto, lecturas, acólitos, etc., para que los niños vivan bien la Misa.

Otro  ejemplo: el sacramento del Matrimonio espera una participación real de los esposos, según su modo propio: responden al escrutinio del sacerdote “acerca de la libertad, de la fidelidad, de la disposición para recibir y educar a los hijos” (CE 607), pronuncian el consentimiento y reciben la solemne bendición nupcial, puestos de rodillas (RM 81), como una solemne plegaria de consagración, mientras oran intensamente. Otros serán ministros de la celebración: lector, salmista, acólito, ministros de la comunión, etc., no los mismos esposos.

La pastoral litúrgica debe permitir que, tras una sólida catequesis, cada uno comprenda que participar es recibir el Sacramento como un don y que recibiéndolo, ya participa en grado excelente. Por tanto, es ayudar a que vivan intensamente la liturgia sacramental.

¿Sabías que...

la homilía tiene una finalidad exhortativa y catequética?

Requiere mucha preparación, evitando “homilías genéricas o abstractas”, esforzándose el ministro para poner “la Palabra de Dios proclamada en estrecha relación con la celebración sacramental y con la vida de la comunidad, de modo que la Palabra de Dios sea realmente sustento y vigor de la Iglesia” (Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, n. 46).

LIBRERÍA DIOCESANA

El Fuego y el barro

GRACIA ACOGIDA O GRACIA FRUSTRADA

Félix del Valle
Editorial BAC • Colección Estudios y ensayos

El libro pretende ayudar a iluminar los distintos niveles de la vida humana en los que ha de recibirse la acción santificadora del Espíritu Santo, que quiere divinizar a todo el hombre, transformarlo en todos sus dinamismos psico-afectivos e incluso instintivos. La recepción de esta acción santificadora por parte del hombre no puede ser superficial ni parcial, sino radical y total. La espiritualidad y la psicología se alían: la psicología se pone al servicio de la espiritualidad, integrándose por la fe en la caridad y convirtiéndose en un instrumento «al servicio de una más pura y madura vida de fe», como pide Gaudium et spes (n.62).

Su autor, Félix del Valle Carrasquilla, es un sacerdote diocesano de Toledo, profesor de teología en el Instituto Teológico San Ildefonso y director espiritual en el Seminario Mayor.

El libro está disponible en la Librería Diocesana. Puede realizar su pedido a través del correo electrónico libreria@diocesisdecordoba.com o a través de WhatsApp 655 156 557.

AL TRASLUZ

ANTONIO GIL. Sacerdote

¡Estad siempre alegres!

El tiempo de Pascua es, fundamentalmente, un tiempo de alegría. Celebramos la resurrección del Señor y recordamos su encuentro con aquellas mujeres, a las que les dice: “Alegraos”. Y ellas pasan del miedo, a la alegría y de la alegría, a la fe. Las antiguas fórmulas de la misa decían así: “Me acercaré al altar de Dios”, y se respondía: “Al Dios que es la alegría de mi juventud”. Dios es la alegría no sólo de la juventud, lo es también de la niñez, de los adultos y de los ancianos. Al Él debemos acercarnos con fe en este tiempo de Pascua y pedirle que, en cada momento de nuestra vida, seamos testigos de la alegría del Resucitado. San Juan Bosco lo proclamó hermosamente con estas palabras: “Al Señor le agrada que le sirvan con gusto, porque, haciéndolo con alegría y de corazón, se ama más a Dios”. Unos matrimonios pidieron a la Madre Teresa de Calcuta que les diera un consejo: Ella dijo: “Es muy sencillo y muy importante: Sonrían siempre”. Sonreír siempre, en todo momento y circunstancia. “Una sonrisa, nos ha dicho el papa Francisco, es un buen comienzo para la paz”.

San Pablo pedirá a los filipenses la virtud de la alegría: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, ¡estad alegres! El Señor está cerca”. Y el libro de los Proverbios afirma con claridad: “El que en su corazón tiene la alegría vive una continua fiesta”. El tiempo de Pascua es un tiempo de vivencias gozosas, porque la resurrección de Jesús lo inunda todo de alegría. En esta hora de pesadumbres y tristezas, la alegría de los cristianos se convierte en bandera de esperanza.

DIEZ AÑOS DE MISIÓN EN PICOTA

RAFAEL DELGADO

«He descubierto otra forma de ver a nuestra Iglesia»

Rafael Delgado participó en la misión diocesana en 2014 y reconoce que lo enseñaron “a vivir de verdad”

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

Después de llevar algún tiempo teniendo la inquietud de poder realizar una experiencia misionera, gracias a mi hermano, el sacerdote Paco Delgado, me animó y me puso en contacto con la Delegación de Misiones de nuestra diócesis de Córdoba. Nos fueron convocando a unas reuniones previas de preparación para la misión, donde se fue consolidando el grupo de voluntarios que ese año 2014 participaríamos en la misión de Picota.  A finales de mayo, recibimos el envío de manos de nuestro Obispo D. Demetrio en la Catedral, en una ceremonia en la que aún es imposible no emocionarse al recordarla, y ya en agosto, nuestro grupo felizmente partió para tierras peruanas.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

Sería muy difícil poder destacar algo en particular, porque fueron unos días tan intensos y enriquecedores, que me cuesta trabajo seleccionar nada en concreto. Me quedo con todo. Desde la preparación aquí en Córdoba en la delegación, el forjar ese grupo de voluntarios que terminamos siendo una auténtica piña, una verdadera familia, la emoción del viaje tan largo, la increíble acogida cuando llegamos allí, el ser uno más entre ellos. Iba con la idea de poder ayudar en el servicio para lo que se me necesitara, pero sabiendo de mi limitación y de mi escasa formación. Pero el estar compartiendo las visitas con nuestros médicos José Luis Yépez y su mujer Mari Carmen, o nuestra querida María José Barazona, poder ser útil en lo poco para aquellos que no tienen apenas nada, es quizás lo que más me conmueve todavía al recordar tanto bien como pudimos compartir en nuestro mes de misión. Con mucha alegría recuerdo esas salidas a los poblados de la selva en las que ejercí de humilde chofer del carro de los doctorcitos, en las que descubrí cuanto bien se puede hacer con tan poco.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

A vivir. Simple y llanamente me enseñaron a vivir. Cuando pienso tantas cosas como tenemos aquí y no nos damos cuenta ni sabemos valorarlas, y llegas a

Picota y ves cómo viven esos hermanos nuestros sin apenas recursos para sobrevivir, creedme si os digo que es la mayor lección que me ha dado la vida.

Careciendo de todo, te lo dan todo, no teniendo apenas nada, les sobra esa alegría y esa hospitalidad al recibirte. Te enseñan a vivir de verdad, cómo ponen toda su esperanza en el Señor, con una fe que para nosotros la quisiéramos, y cómo te sientes querido desde el primer minuto que estas junto a ellos. Saben compartir, saben acogerte, saben sonreírte en todo momento por complicada que sea la situación por la que estén pasando, saben darlo todo, saben darse ellos mismos.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana?

Pues después de haber tenido la suerte de vivir esa experiencia tan intensa y gozosa en Picota, al llegar a mi rutina de aquí, nada ha sido igual. Le doy gracias a Dios porque he descubierto otra forma de ver a nuestra Iglesia, de comprometerme más y de tomarme más en serio ese compromiso cristiano. La fe que esta pobre gente me mostró en la misión, he de reconocer que supuso para mí una autentica conversión. Y la amistad que se forjó con todos los que formamos el equipo de voluntarios de ese año, ha supuesto un antes y un después en mi forma de vivir mi relación con Dios.

¿Mantienes todavía vinculación con la misión diocesana?

La misión marcó mi vida como ya os he dicho. Fue providencial que, al regresar de ese mes misionero, mi hermano Paco fuese enviado por D. Demetrio a Picota, y que haya estado allí durante cuatro años como párroco. Esta circunstancia ha facilitado que mi vinculación tanto con nuestra delegación de misiones, como con tanta gente como conocí allí en Perú, haya estado activa en todo momento. Sigo manteniendo una estrecha amistad con todos los de mi grupo que participamos ese año 2014, y en el momento que la situación lo permita, mi intención y mi deseo es poder regresar alguna vez a aquella hermosa tierra.