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NÚMERO 740 • 9 DE MAYO DE 2021

LA MALETA DE LUISA

«A la gente que
está en la calle la
salva el amor»

«JUAN DE ÁVILA SUPO UNIR EN SU VIDA LA FORMACIÓN, LA PIEDAD Y EL CELO PASTORAL»

APUNTES

Entrega especial al Seminario Menor

El Rector del Seminario “San Pelagio”, Jesús Mª Moriana, entregó a los seminaristas menores el material oficial de la liga profesional que Florentino Villabona, asesor de la liga de fútbol, entregó para el Seminario San Pelagio el pasado 29 de marzo.

Celebración a la Virgen de Guía

Hinojosa del Duque celebra una jornada especial en torno a la Virgen de Guía junto al párroco, Jesús Enrique Aranda.

Misa en recuerdo del beato Carlo Acutis

El pasado viernes, 30 de abril, tuvo lugar un misa organizada por el grupo de jóvenes de la parroquia de Ntra. Sra. del Carmen de Puente Genil en recuerdo al beato Carlo Acutis, como ejemplo de amor a la eucaristía y a la Santísima Virgen.

El pasado 30 de abril, un grupo de fieles recibieron el Sacramento de la Confirmación en Fuente Obejuna.
Día del Trabajo

Pastoral Obrera celebró el Día del Trabajo con una celebración eucarística presidida por el Obispo, monseñor Demetrio Fernández, en la parroquia de
Consolación de Córdoba.

VOZ DEL PASTOR

San Juan de Ávila

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

Llegamos al 10 de mayo, día de la partida de san Juan de Ávila de este mundo a la casa del Padre desde su casita de Montilla. Nos reuniremos en la Basílica de Montilla, a los pies de su sepulcro, para venerar su memoria y volver a escuchar sus enseñanzas, siempre actuales. Este año presididos por el Nuncio de Su Santidad en España, Mons. Bernardito Auza. En la fiesta de san Juan de Ávila recordamos a los hermanos sacerdotes difuntos en el pasado año, y hacemos fiesta con los sacerdotes que cumplen veinticinco y cincuenta años de ordenación sacerdotal, dando gracias a  Dios por su vida y su servicio ministerial.

Él es patrono del clero diocesano secular en España. Precisamente este año se cumplen 75 años de la declaración por parte del Papa Pio XII como ““principal patrono ante Dios del clero secular de España” (2 julio 1946). Y con este motivo celebraremos el III Congreso Internacional en Córdoba y Montilla del 29 de junio al 2 de julio próximos. Ya se puede consultar el programa detallado, que culminará con la Eucaristía del 2 de julio en Montilla, presidida por el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, presidente de la Conferencia Episcopal Española, transmitida por TRECE TV para toda España.

La figura de san Juan de Ávila nos es cada vez más familiar, a medida que conocemos sus escritos y su estilo de vida. Nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) el 6 de enero de 1500 y murió en Montilla (Córdoba) el 10 de mayo de 1569. Él abre camino a una serie de místicos españoles de esa época, el siglo de oro de la mística española.

Su obra principal Audi filia está escrita para todos los públicos, es un tratado de vida cristiana, que presenta el panorama de la vida espiritual, explicado en todos sus aspectos. “Ha convertido más almas que letras tiene”, decía el cardenal Astorga de esta obra, escrita desde los fervores de la noche oscura en la cárcel y muy difundida en su tiempo.

Otra obra, pequeña pero densa y sublime, es el Tratado del Amor de Dios, donde el santo doctor del amor divino, expone con resonancias místicas el amor de Dios como único motor de la redención. Sólo el amor ha sido el motor del corazón de Dios para realizar la obra de la redención. “Amó más que padeció”, afirma al contemplar la pasión del Señor. Ni venganza, ni justicia vindicativa, ni ira. Sólo el amor, en Dios no hay otra cosa. La novedad de san Juan de Ávila consiste en acentuar esta profunda convicción, propia de la Escritura y de toda la tradición de la Iglesia, en un contexto luterano, que nos presentaba un dios justiciero. La postura de Lutero ha dado lugar posteriormente al ateísmo, mientras que la postura católica que san Juan de Ávila proclama en este tratado es el que ha puesto delante de los ojos la misericordia de Dios, que tomará formas diferentes en el futuro, como la devoción al Corazón de Jesús, la divina misericordia, etc.

Y la doctrina abundante sobre el sacerdocio ministerial. En un contexto de relajación de las costumbres del clero, san Juan de Ávila urge a la santidad de los sacerdotes, viviendo en primera persona un estilo de vida, que suscita

seguidores, la “escuela sacerdotal avilista”, como una oleada de santidad, que reforma la Iglesia en sus cimientos. Hace caer en la cuenta de la grandeza y alta dignidad del sacerdote por su trato con la Eucaristía. Le invita a vivir pobre, como Cristo, erradicando toda codicia y amor al dinero. Y presenta la realidad sacerdotal atrayente de una vida pura, que suscita el atractivo del amor más grande. San Juan de Ávila proyecta una reforma de la Iglesia, que comienza por la santidad de los sacerdotes y el fervor en los seminarios.

Cuando hoy vivimos una profunda crisis a todos los niveles, sobre todo en la fe del pueblo santo de Dios, la vida y la doctrina del santo doctor Juan de Ávila, se hace más actual que nunca. El proyecto pastoral no es el de unas cuantas acciones inmediatas, sino el de procurar la santidad de los sacerdotes, cuyo ejemplo de vida suscitará abundantes vocaciones y estimulará la santidad de todos los cristianos.

La diócesis de Córdoba tiene en san Juan de Ávila un filón precioso de santidad y de estímulo a la santidad, sobre todo para los sacerdotes. La diócesis de este clericus cordubensis está llamada a brillar en el mundo “por la santidad de la Iglesia y por el celo ejemplar de sus ministros” (or. Colecta).

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

EDUCAMOS ENTRE TODOS

Ana Mª Roldán Roldán. Delegada Diocesana de Enseñanza

Alcanzar la sabiduría: Enseñar el arte de vivir

El arte de saber morir

“Es bien extraño que entre la avalancha de saberes útiles e inútiles que acumulamos durante nuestra vida no se encuentre este: el de aprender a morir. El mundo contemporáneo ha convertido la muerte en un tabú, el más temible y oculto, y nos deja completamente desprotegidos para enfrentar la naturalidad con que la abraza la vida… Sobre la muerte no sabemos qué decir ni qué pensar. Y esto constituye una falta enorme”.

Podemos pasar toda la vida sin pensar en ella o sin querer pensar en ella. Pero esto es estar fuera de la realidad. “Montaigne decía que no morimos porque estamos enfermos, morimos porque estamos vivos. Tal vez debamos recomenzar por ahí, por reunir lo que hasta ahora parecía irreconciliable. La muerte es una expresión de la vida”.

“La muerte puede representar en nuestro itinerario personal, en nuestros caminos entrelazados y comunes, la oportunidad para contemplar la vida con mayor profundidad”. “Al reubicarnos dramáticamente ante el misterio que somos, la muerte, en cierto modo, salva nuestra existencia”.

Quizás para aprender a morir “hemos de aprender a estar con los otros cuando les llegue el momento, desarrollando capacidades descuidadas hasta ahora. Hemos de aprender a tratar y mitigar el dolor, no sólo con medicamentos: también con el corazón, con nuestra presencia, con los gestos silenciosos, el respeto, la esperanza de coraje. Los enfermos no buscan indulgencia. Hemos de aprender a proteger la fragilidad, la propia y la ajena, a ayudar a que cada uno se reencuentre con las cosas y los recuerdos verdaderos, a no desesperar, a encontrar un hilo de sentido en la vida, por ínfimo y frágil que sea. Hemos de aprender a ser amparo, a desear la eficacia técnica, pero también la compasión, a reconocer el valor de una sonrisa, aún imperfecta, en las horas difíciles. Al borde del final, hay siempre muchas cosas que comienzan”.

Todo esto se había escrito antes de que nos viéramos sumergidos en esta pandemia actual que ha sembrado el mundo de muertes. ¡Cuántas preguntas nos habremos hecho ante cifras tan desconcertantes, ante muertes tan dolorosas, ante tanta impotencia experimentada! ¡Cuántas lágrimas a solas, sin consolar! La muerte se puede haber convertido en una noticia diaria, en una compañera de camino, y, sin embargo, nos seguimos resistiendo a abordarla, a aprender a morir.

Pero lo cierto es que cada uno de nosotros morimos un poco cada día. Bienaventurado el que sabe morir cada día para poder vivir para siempre.

Tomado de José Tolentino Mendonça

“Pequeña Teología de la lentitud” (Fragmenta Editorial)

LA MALETA DE LUISA

«A la gente que está en la calle la salva el amor»

A la Parroquia de Santa Luisa de Marillac siguen llegando jóvenes. Dejan atrás travesías por mar, dolor y soledad. La Iglesia es casa y sustento para ellos. La acogida implica formación y desarrollo. Hablamos de “La Maleta de Luisa” esta vez para poner rostro a sus dueños. Este es un programa fuerte en sus convicciones, humilde en sus pasos pero firme en lo que cree. “Hay que recordar a la gente que tenemos que seguir amando, eso no es literatura, al mundo lo salva el amor”, una declaración que resume el compromiso del párroco, Miguel David Pozo

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VIVIR LA LITURGIA

Ofrecer y ofrecernos, disposiciones para participar

JAVIER SÁNCHEZ MARTÍNEZ
Miembro de la Delegación diocesana de Liturgia

La participación interior conduce a ofrecernos con Cristo al Padre para vivir su voluntad. Expropiados de nosotros mismos, para que el Señor tome todo y disponga en nosotros, según su plan de amor.

Lo que Él nos da:

Cuanto tenemos, lo hemos recibido (cf. 1Co 4,7). En el pan y en el vino se concretan todos los dones que Dios nos ha entregado, de manera que en la liturgia le ofrecemos, realmente, de lo que lo Él nos ha dado; así reza, por ejemplo, el Canon romano: “te ofrecemos, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio”. Reconocemos así que todo nos viene dado.

La generosidad de Dios produce un admirable intercambio –como lo llaman los Padres de la Iglesia- porque en esa ofrenda que entregamos recibimos a cambio al mismo Cristo: “para que, al ofrecerte lo que tú nos diste, merezcamos recibirte a ti mismo”.

Nosotros nos entregamos:

Los dones eucarísticos constituyen la ofrenda de cada uno de los fieles, de su propia vida y corazón. Nosotros mismos nos entregamos a Dios en el altar:

“Haz, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega”. Las ofrendas poseen un alto sentido espiritual: en ellas están contenidas místicamente los fieles que se ofrecen con Cristo.

Unidos a la ofrenda de Cristo mismo:

Nuestra ofrenda cobra valor cuando está unida a Cristo, cuando la incluimos en la ofrenda que hizo Cristo de sí mismo. “Jesucristo, nuestro Mediador, te haga aceptables estos dones, Señor, y nos presente juntamente con él como ofrenda agradable a tus ojos”.

Presentamos todo lo que vivimos:

Entregamos el dolor y la alegría, el trabajo y el apostolado, la mortificación y los sacrificios: todo queda incluido en la ofrenda del altar. Nuestro trabajo es el modo de santificación de lo cotidiano en el mundo, y así el trabajo diario es materia que se ofrece en el altar. Todo lo humano es incluido en la ofrenda al Padre con Cristo.

La Eucaristía nos convierte en “ofrenda permanente”, “víctimas vivas para alabanza de tu gloria”. Es el sentido espiritual de la participación interior que se subraya por la monición sacerdotal: “Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios, Padre todopoderoso”; “Orad, hermanos, para que llevando al altar los gozos y las fatigas de cada día, ofrezcamos el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso”.

¿Sabías que...

se imponen las manos a los que van a ser confirmados?

Hay una general, a todos a la vez (no uno a uno), y si hay sacerdotes que van a ungir también, entonces extienden ellos también las manos imponiéndolas en silencio durante la oración que recita el Obispo: “Dios todopoderoso” (nn. 31-32).

LIBRERÍA DIOCESANA

Dadme vuestro corazón

EL MISTERIO DEL CORAZÓN DE CRISTO EUCARISTÍA EN SAN JUAN DE ÁVILA

Carlos Jesús Gallardo Panadero
Editorial Monte Carmelo • Colección Agua Viva

El estudio que se ofrece en esta obra es experiencia personal de Dios, avalada por el santo Maestro de santos, san Juan de Ávila. Es fruto de la lectura sabrosa de los escritos del Apóstol de Andalucía, de la confrontación permanente de la propia vida con la del santo Maestro. Era necesario acotar el campo de la investigación para un trabajo académico de este tipo, y, por eso, se ha ceñido a los Sermones del Santísimo Sacramento, que san Juan de Ávila predicó en Montilla en torno a la fiesta del Corpus Christi.

Carlos Jesús Gallardo Panadero es un enamorado de san Juan de Ávila y del Corazón de Jesús, y en este trabajo, presentado para alcanzar la licenciatura en teología espiritual en la Pontificia Universidad de Comillas, ha unido sus dos amores (cf. Mons. Demetrio Fernández).

El libro está disponible en la Librería Diocesana. Puede realizar su pedido a través del correo electrónico libreria@diocesisdecordoba.com o a través de WhatsApp 655 156 557.

AL TRASLUZ

ANTONIO GIL. Sacerdote

Tres noticias en Mayo

Mayo nos ofrece tres noticias para que las vivamos y saboreemos en nuestro interior: La primera, relacionada con María. En treinta santuarios representativos de todo el mundo se dirige el rezo del Rosario cada día de este mes, en un maratón de oración con el lema: “Desde toda la Iglesia se eleva incesantemente la oración a Dios, para invocar el fin de la pandemia”. La iniciativa, nacida del deseo del papa Francisco y promovida por el Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, implica de manera especial a los demás santuarios del mundo, para que se hagan promotores del rezo del Rosario entre los fieles.

La segunda noticia, relacionada con la HOAC, con motivo de sus 75 años en Córdoba. El 7 de mayo, charla coloquio por la plataforma Zoom, impartida por Maite Valdivieso Peña, militante de la HOAC de Bilbao, con el título “Tendiendo puentes, derribando muros. 75 años de encuentro entre la Iglesia y el mundo obrero”.

La tercera noticia, relacionada con la fiesta de san Juan de Ávila. El 10 de mayo, solemne Eucaristía, a las 11 de la mañana, presidida por monseñor Bernardito Auza, Nuncio de Su Santidad el papa Francisco en España, en la basílica de Montilla, y posteriormente, a las doce y media, conferencia en el Teatro Garnelo, a cargo de Álvaro Pereira Delgado, profesor de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología “San Isidoro”, de Sevilla: “Alcanzados por Cristo: san Pablo y san Juan de Ávila frente a frente”. Jornada grande para los sacerdotes cordobeses, en el recuerdo de los que han partido ya hacia la Casa del Padre y en la felicitación a los que celebran sus Bodas sacerdotales de oro o de plata.

DIEZ AÑOS DE MISIÓN EN PICOTA

FLORENCIO MUÑOZ

«En la fe es donde uno encuentra el sentido pleno de su vida»

El sacerdote Florencio Muñoz aprendió en medio de la pobreza material que había una enorme sed de Dios

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

Sería en verano de 2009 cuando un grupo de cinco seminaristas acompañados por el rector, D. Antonio Prieto, emprendimos nuestro viaje a Picota. Me encontraba en tercero del Seminario y como cada año se propuso la iniciativa de tener una experiencia misionera en el Seminario. Ese año el Señor, a través de la oración y el diálogo con los formadores, me tocó el corazón y me  impulsó ese deseo de vivir una experiencia de misión la cual ayudaría a fortalecer más mi vocación sacerdotal, como así fue. Además ese año se nos presentaba una novedad, ya que era la primera vez que cambiaríamos el destino de misión (anteriormente se residía en Moyobamba)  y viviríamos por primera vez en Picota.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

Recuerdo aquellos días con un profundo sentimiento de acción de gracias al Señor. Fueron días de mucha oración, de mucha fraternidad entre los seminaristas y los sacerdotes, igualmente con los fieles de la parroquia. Pero ante todo una experiencia única fue la de “sentirte enviado por la Iglesia a predicar el Evangelio”. No íbamos a una labor humanitaria, íbamos a anunciar a Cristo vivo y resucitado, ese Cristo que nos ama y quiere que nos salvemos. El visitar cada hogar, presentarte como miembro de la Iglesia Católica y anunciar la Palabra de Dios, en el sentido más estricto, fortalecía la fe de aquellos que la acogían y la de aquellos que la anunciábamos.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

Lo podría responder con la siguiente cita del Evangelio de Marcos: “¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?” (Mc 8,36). Los fieles de Picota nos enseñaron que en medio de su pobreza material había una enorme sed y hambre de Dios, y que es en la fe donde uno encuentra el sentido pleno de su vida. Muchas veces ponemos el corazón en las cosas del mundo y estas nos alejan por completo de lo verdaderamente importante, que es el Señor. Cuando uno contempla ese deseo de Dios, esa necesidad que había en los fieles de celebrar los sacramentos, termina contagiándose de ese amor de Dios, e inmediatamente uno exclama: “que mi vida sea para ti Señor”.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana?

Uno vuelve al Seminario y vuelve a la rutina de siempre, a tu ambiente, con tus familiares y amigos, pero ciertamente se ha producido una transformación en el corazón. Para mi supuso un fortalecer mi vocación, el tener el convencimiento pleno de que mi vida tenía que ser para el Señor y para la Iglesia siendo un sacerdote entregado y santo.

¿Mantienes todavía vinculación con la misión diocesana?

Una experiencia como la misión en Picota marca de tal manera que inevitablemente un trozo de tu corazón se queda allí. Los tengo muy presentes en la oración, y además estos lazos se hacen más fuerte al tener a dos buenos hermanos y amigos sacerdotes como son Rafa y Antonio. La misión es de todos y tenemos que tener el corazón siempre dispuesto para ser enviados.