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NÚMERO 742 • 23 DE MAYO DE 2021

EL MINISTERIO DE CATEQUISTA

Fieles al compromiso misionero de nuestro Bautismo

RITO DE ADMISIÓN Y MINISTERIO DE LECTOR Y ACÓLITO «HABÉIS SIDO ELEGIDOS POR DIOS»

APUNTES

Confirmaciones en Santa María Madre de la Iglesia

El Vicario de la Ciudad y el Secretario Canciller del Obispado administraron el Sacramento de la Confirmación a dos grupos de jóvenes de la parroquia Santa María Madre de la Iglesia.

Prematrimoniales en Cabra

Un grupo de parejas de novios de Cabra finalizan su cursillo prematrimonial con una misa de acción de gracias en la parroquia Ntra. Sra. de los Remedios.

Las Adoratrices premiadas por la Junta de Andalucía

La Consejería de Salud y Familias en sus premios Familias Andaluzas ha galardonado este año a la Comunidad de Adoratrices de Córdoba en la modalidad “Familias e inclusión”, reconociendo así la labor que realiza con mujeres gestantes en dificultad.

VOZ DEL PASTOR

Pentecostés. Ven, dulce huésped del alma

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

Celebramos este domingo la gran fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo, que fue enviado en este día para renovar la faz de la tierra, renovando todos los corazones.

El Espíritu Santo, tercera persona de Dios Trinidad, es el amor que une al Padre y al Hijo. En la historia ya se cernía sobre las aguas en el comienzo de la creación. Ese Espíritu es el que ha convertido el caos inicial en cosmos, es decir, el desorden más absoluto lo ha convertido en la más preciosa armonía sinfónica de Dios en la creación. Es el Espíritu que ha alentado a los profetas, a los jueces, a los reyes en la esperanza del Mesías, el que venía a salvar al mundo y que había de ser ungido por ese mismo Espíritu Santo. Así se presenta Jesucristo, como el Ungido de Dios, el Ungido por el Espíritu Santo.

Este Espíritu Santo ha generado en el seno de María virgen la unión del Verbo con la carne humana, ha conducido la vida de Jesús, llevándolo al desierto para vencer al demonio, ha inspirado las palabras de Jesús, le ha dado el poder de los milagros, lo ha impulsado a entregar la vida en la Cruz y lo ha resucitado de entre los muertos. Ascendido a los cielos, Jesús nos ha prometido y nos ha enviado el Espíritu Santo. El día de Pentecostés ese Espíritu Santo ha venido sobre los apóstoles, reunidos en oración con María.

La Iglesia ha recorrido los caminos del Espíritu, en su nacimiento y en su despliegue misionero. El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, la va conduciendo a la verdad plena, como prometió Jesús, la consuela y la fortalece en medio de las tribulaciones del mundo, va configurando a cada uno de sus hijos, según el modelo de Cristo. Los que dejan mover por el Espíritu, ésos son hijos de Dios y herederos del cielo.

La fiesta de Pentecostés es el fruto maduro de la Pascua. Ven, Espíritu Santo, y renuévalo todo con tu amor. Es el Espíritu Santo el que ha sido derramado en nuestros corazones para que experimentemos que somos hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. Él es el autor de nuestra vida espiritual, nuestra vida según el Espíritu. Nos va haciendo parecidos a Jesús, infunde en nosotros sus virtudes y su estilo. El Espíritu Santo nos llena de esperanza y de alegría. Nos hace vivir en gracia de Dios, es decir, en la amistad de Dios, que Cristo nos ha alcanzado por su redención. Las virtudes las alienta el Espíritu en nuestros corazones. Y los dones del Espíritu Santo vienen a perfeccionar todo el organismo espiritual de nuestras vidas. La fiesta de Pentecostés quiere darnos los frutos abundantes del Espíritu: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad (Gal 5, 22-23).

En este gran día de Pentecostés celebramos el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Tuvo origen en Pentecostés la misión de los hijos de la Iglesia, y particularmente de los laicos, para llevar al mundo entero la savia nueva del Evangelio. Este año el lema dice: “Los sueños se construyen juntos”, tomando referencia de la encíclica Fratelli tutti: “Nadie puede pelear la vida aisladamente. (…) Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!” (n. 8).

Que el Espíritu Santo rompa nuestras cadenas, disipe nuestros miedos, nos abra a la esperanza de una santidad plena y de un mundo nuevo. No es una utopía, es una realidad que ya ha acontecido en Jesús y que él extiende a todos sus discípulos. La fiesta de Pentecostés es fiesta de Iglesia, de comunidad, de apostolado, de renovación profunda de nuestra vida personal y comunitaria. Dejemos que el Espíritu non inunde con su amor, y así renovará todas las cosas.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

CARTA APOSTÓLICA «ANTIQUUM MINISTERIUM»

El ministerio de Catequista

POR RODOLFO ARIZA

Delegado diocesano de Catequesis

El pasado día de San Juan de Ávila, a través de la carta apostólica en forma Motu Proprio Antiquum Ministerium, el Papa Francisco instituía el ministerio de catequista. De este modo, el Papa se sitúa también en la senda de su predecesor San Pablo VI que “con clarividencia […] promulgo la Carta apostólica Ministeria quaedam” por la que instituía también los ministerios de Lector y de Acólito. Pero, ¿qué significado tiene, sin lugar a dudas, esta buena noticia?

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VIVIR LA LITURGIA

Participar en la liturgia ofreciéndonos

JAVIER SÁNCHEZ MARTÍNEZ
Miembro de la Delegación diocesana de Liturgia

“Aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino también juntamente con él” (SC 48). Los fieles participan de verdad cuando se ofrecen juntamente con la hostia inmaculada. Ya Pío XII lo expuso en la encíclica Mediator Dei. Trataba de la “participación, en cuanto que deben ofrecerse también a sí mismos como víctimas”, señalando la ofrenda de cada uno junto con Cristo: “Mas para que la oblación con la cual en este sacrificio los fieles ofrecen al Padre celestial la víctima divina alcance su pleno efecto, conviene añadir otra cosa: es preciso que se inmolen a sí mismos como hostias” (n. 120).

Participar es ofrecerse con Cristo: “La gran tradición litúrgica de la Iglesia nos enseña que, para una participación fructuosa, es necesario esforzarse por corresponder personalmente al misterio que se celebra mediante el ofrecimiento a Dios de la propia vida, en unión con el sacrificio de Cristo” (Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, n. 64).

A Dios ofrecemos y nos ofrecemos nosotros mismos. Ofrecemos el pan y el vino, que reúnen en síntesis, toda la creación, todo el trabajo y todo lo que es nuestro.

Nos convertimos en una ofrenda permanente, expropiados de nosotros mismos, para el servicio de Dios; somos transformados en víctimas vivas para alabanza de su gloria, ser siervos de Dios, santos en el mundo, consagrados a Él, hacer su voluntad, aceptar la cruz.

La ofrenda real de los fieles con Cristo, asociados a su sacrificio, como verdadera participación se prolongará luego en la vida cotidiana, convirtiéndola en “sacrificio espiritual”. “En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también el sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo. El sacrificio de Cristo presente sobre el altar da a todas las generaciones de cristianos la posibilidad de unirse a su ofrenda” (CAT 1368). Ya decía el Concilio Vaticano II que “los hombres son invitados y llevados a ofrecerse a sí mismos, sus trabajos y todas las cosas creadas junto con Cristo” (PO 5) y, antes, Pío XII: “Y no se olviden los fieles cristianos de ofrecer, juntamente con su divina Cabeza clavada en la cruz, a sí propios, sus preocupaciones, sus dolores, angustias, miserias y necesidades” (Mediator Dei, n. 127).

¿Sabías que...

no se puede exponer el Santísimo sólo para dar la bendición y, además, hay que dejar tiempo de adoración en silencio?

La exposición breve del Santísimo requiere al menos un tiempo amplio de oración y que está terminantemente prohibida solo para dar la bendición: «antes de la bendición con el santísimo Sacramento, se dedique un tiempo conveniente a la lectura de la palabra de Dios, a los cánticos, a las preces y a la oración en silencio prolongada durante algún tiempo. Se prohíbe la exposición hecha únicamente para dar la bendición” (RCCE 89).

LIBRERÍA DIOCESANA

Leonia

LA DEBILIDAD TRANSFIGURADA

Jöel Guibert
Editorial Monte Carmelo • Colección Amigos de Orar - La otra mirada

Leonia era hermana de santa Teresita de Lisieux. Desde niña, y por sus circunstancias personales, su vida fue más difícil que la de sus hermanas; sin embargo, comprendió mejor la doctrina espiritual de Teresita.

Con todas sus limitaciones, sus fracasos y sus heridas, Leonia vivió y practicó con decisión “el caminito” de abandono en Dios que, con el paso del tiempo, la transformó totalmente.

El retiro espiritual aquí propuesto es un verdadero camino de vida, de renacimiento espiritual y de paz interior tras los pasos de Leonia.

El libro está disponible en la Librería Diocesana. Puede realizar su pedido a través del correo electrónico libreria@diocesisdecordoba.com o a través de WhatsApp 655 156 557.

AL TRASLUZ

ANTONIO GIL. Sacerdote

María Auxiliadora y los Salesianos

Esta semana, los Salesianos están celebrando en su basílica de Córdoba, la solemne novena a María Auxiliadora, como pórtico a su fiesta, el 24 de mayo. Para el salesiano, la devoción a María Auxiliadora constituye uno de los rasgos distintivos de su espiritualidad, como se recoge puntualmente en las Constituciones Salesianas: “La Virgen indicó a Don Bosco su campo de acción entre los jóvenes y lo guio y sostuvo constantemente. Creemos que María está presente entre nosotros y continúa su misión de Madre de la Iglesia y Auxiliadora de los cristianos. Para contribuir a la salvación de la juventud, -la porción más delicada y valiosa de la sociedad humana-, el Espíritu Santo suscitó, con la intervención materna de María, a san Juan Bosco, la creación de su Sociedad, declarándola como patrona principal”.

En las Eucaristías de la solemne novena, he querido subrayar con fuerza el puesto singular que tiene María, en la historia de la salvación, “como modelo de oración y de caridad pastoral, maestra de sabiduría y guía de la familia salesiana”. Me atreví a esbozar, “la homilía” que la Virgen nos ofrecería en esta hora a los cristianos, con tres bellísimos mensajes: Primero, “estad atentos a los mensajeros de Dios, como yo estuve atenta al arcángel Gabriel, en el momento de su Anunciación”; segundo, “abrid de par en par las puertas de vuestras vidas a la voluntad de Dios, como yo las abrí, con mi “Hágase”; tercero, “haced siempre lo que Él os diga”, recorriendo el camino evangélico, trazado por mi Hijo Jesús”. Con la ayuda de María, Madre y Maestra, “los salesianos se esfuerzan por llegar a ser educadores-pastores de los jóvenes”.

DIEZ AÑOS DE MISIÓN EN PICOTA

ALICIA RISCO

«Me sorprendió su manera de compartir la fe en Dios»

Alicia Risco participó en la misión diocesana de Picota y reconoce que esa experiencia siempre permanecerá en ella

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

La idea surgió cuando mantuve una charla con el sacerdote Leopoldo Rivero y me comentó el tema de la misión en Picota, Perú. Era algo que tenía pendiente desde que experimenté mi primera misión con Dios, que fue en Argentina. Tenía inquietud de compartir mi tiempo junto a Dios y con otras culturas cristianas. Con lo cual ese verano me animé a realizar el proyecto que me comentó el Leopoldo para salir y descubrir otras realidades; conviviendo y compartiendo la Fé de Dios con otras comunidades religiosas.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

Son muchos los recuerdos que me llevo conmigo compartiendo la fe de Dios y la gran experiencia que siempre irá en mi corazón. Éramos un grupo de cuatro personas e iba con el sacerdote Francisco Granados y Rafael Prados. Lo que más recuerdo de la misión son sus costumbres, sus platos típicos, sus creencias, su vocación hacía Dios y sobre todo la forma de vivir en sus casas, compartiendo todo lo que tenían, y poseían lo mínimo para subsistir. También me sorprendió la vegetación frondosa que había en la selva, sus medios de transporte, que eran en burro, en canoas, en carros, andando; y caminaban, kilómetros y kilómetros, en caminos llenos de piedras e irregulares para llegar a la iglesia y celebrar la Eucaristía. Cuando realizábamos todos esos kilómetros para llegar a la Iglesia se podía observar en ellos la devoción que tenían a la Virgen y a Dios. Doy gracias a Dios por vivir esta experiencia misionera.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

Son tantas las cosas que aprendí que no sé por dónde empezar, fue tan gratificante todo lo que me enseñaron y todo lo que aprendí, por que compartían todo lo que tenían. Su manera de ver la vida y compartir la fe de Dios con tan pocas cosas.

Vivían con lo necesario, sin tener dinero eran felices. Me enseñaron a mirar la vida de otra manera diferente. Yo pensaba que lo importante para mí era el trabajo y las comodidades que tenía en mi vida cotidiana; y a ellos solo les bastaba con estar con sus familiares juntos, la fe de Dios y a su Virgen. No valoramos lo que tenemos hasta que no compartes tus vivencias con estas personas.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana?

La verdad que cuando vuelves a tu vida cotidiana, quieres renunciar a muchas cosas que te has dado cuenta que ya no son necesarias para vivir. Sobre todo lo que más valoré cuando llegue a casa fue poder entrar a la ducha y poder abrir un grifo, y ver que salía agua fría o caliente. No valoramos lo que tenemos hasta que no experimentamos vivencias como estas, viendo otras situaciones desde nuestro punto de vista. Cuando deberíamos sentirnos orgullosos y darle gracias a Dios, todos los días por la vida que me ha concedido.

¿Mantienes todavía vinculación con la misión diocesana?

¡Claro! Son muchas las relaciones que he mantenido durante esta misión cristiana, me llevo conmigo un gran recuerdo de todas las personas que he conocido. Son muchos amigos con los que he vivido esta gran experiencia. Y sobre todo de haber conocido a la Hermana Esilda y a la Madre Conce, de las Hermanas Salesianas del Sagrado Corazón. También me llevo en mi corazón a toda su congregación, a mi grupo Picota y a los sacerdotes Francisco y Rafael. Estamos casi todos los días mandándonos mensajes de texto. Doy gracias a Dios por todos los momentos bonitos que me ha hecho vivir junto a ellos. Esta misión siempre permanecerá en mí.