Los conventos, un servicio abierto a todos

By 8 de octubre de 2020Tema de la semana

Oración, austeridad y trabajo.

Así es la vida en los conventos, una vida entregada al Señor, a la oración y al servicio de quienes lo necesitan, más austera de lo podemos pensar, adaptada a su carácter propio y a las constituciones de las propias congregaciones religiosas. Una vida contemplativa fortalecida por el poder de la oración y la Providencia que les ayuda día a día a sobrevivir de las necesidades que le pueden surgir.

«HEMOS SALIDO ADELANTE CON LA AYUDA DE LA GENTE»

En los últimos meses, muchas religiosas se han visto en la obligación de pedir ayuda para poder cubrir sus necesidades básicas. El trabajo que realizan no es suficiente en muchos casos para subsistir y tienen que acudir a la ayuda que le brindan los fieles, a la Providencia que ellas reciben con los brazos abiertos. Es el caso de las religiosas carmelitas del monasterio de san José y san Roque de Aguilar de la Frontera. Cinco hermanas que trabajan incansablemente para salir del día a día con los escasos recursos que tienen, adaptándose a las necesidades que han derivado de la situación actual. Aunque su principal fuente de ingresos era la venta de dulces, la pandemia ha hecho que este servicio quede prácticamente parado y se han tenido que reinventar fabricando mascarillas y tareas de bordados.

“Hemos fabricado mascarillas, escapularios con el “Detente del Sagrado Corazón”, pero gracias a Dios la Providencia no nos abandona y hemos salido adelante con la ayuda de la gente”, relata la hermana Maravilla de Jesús, quien recuerda que por encima de todo, su comunidad está abocada en la oración: “Conocemos el sufrimiento de las personas y nuestra oración por todas estas personas es fundamental. Nuestra labor y nuestro carisma principal es la oración por los sacerdotes, familias y enfermos”.  Aunque corren tiempos difíciles, estas religiosas esperan vender a partir de octubre dulces y continuar así con su oferta de tartas para celebraciones, empanadas o bocaditos, entre otros, que se pueden adquirir tanto por encargo como en el propio monasterio.

En el caso de las religiosas carmelitas del monasterio del Sagrado Corazón de Jesús y Beato Tito Brandsma de Córdoba, lo principal para ellas no es lo material, sino compartir el sufrimiento, el dolor de la gente y ofrecer su oración, destaca la Madre María Dolores Domínguez.

Pese a las circunstancias, estas religiosas no han sido de las más “castigadas” por la pandemia. Han podido palpar la cercanía de los numerosos fieles que diariamente se han acercado al monasterio del Brillante para llevarles alimentos y donativos con el fin de brindarle ayuda y evitar que sufrieran necesidades básicas. “En esta pandemia hemos experimentado que el Señor es providente y que en Córdoba se han volcado con los monasterios”, aseguran.

Por su parte, ellas han seguido ofreciendo sus servicios: venta de mascarillas, de figuras de la Virgen y de los Santos, bordado de manteles, marcación de la ropa, etc. Lo único que no han podido realizar han sido dulces, debido a que en tan solo dos fechas los hacen, Navidad y Semana Santa. De cara a Navidad, sí tienen previsto preparar el horno y realizar una campaña de dulces para así tener una ayuda más de supervivencia. “Aunque nuestra máquina de bordar nos ha dado trabajo en este tiempo con numerosos encargos, tenemos que seguir trabajando porque económicamente sobrevivimos ahora mismo con la ayuda de las pagas de las hermanas más mayores, que son las que pueden aportar ingresos a las necesidades mínimas que tenemos, pues gracias a Dios las monjas necesitamos poco y con los alimentos que nos dan tenemos suficiente”, indica.

«CONOCEMOS EL SUFRIMIENTO DE LAS PERSONAS Y NUESTRA ORACIÓN POR
TODAS ELLAS ES FUNDAMENTAL»

«LA VIDA CONTEMPLATIVA ES MÁS ACTIVA DE LO QUE PARECE»

Igualmente, las religiosas del monasterio de Santa Ana y San José de Córdoba han querido poner de manifiesto cómo la Providencia les ha ayudado estos meses. “Se puede vivir de la Providencia, lo hemos experimentado”, aseguran estas monjas que también pararon la venta de dulces al cesar el turismo y únicamente han conseguido algún ingreso con sus labores de bordados estos meses, pues precisamente para ellas la principal fuente de ingresos era la visita de los turistas a su obrador.

En general, para las religiosas el ora et labora, oración y trabajo, es lo principal. “Nunca estamos sin hacer nada”, cuenta la religiosa Porciúncula, del Monasterio de Santa Clara de Montilla, conocido popularmente por la elaboración de sus dulces. Es una de sus labores principales que también se ha visto afectada por la presencia del Covid-19. “Nuestro trabajo es los dulces y en la pandemia se paró, sin embargo, nosotras no quisimos detenernos y nos pusimos a colaborar en la confección de batas y material sanitario para el hospital.

Nos proporcionan el material y nosotras lo cosemos, pero a partir de este mes queremos empezar con la campaña de dulces de Navidad que es lo que nos ayuda a sobrevivir”, cuenta. La religiosa hace una llamada a la sociedad para que les ayude en la venta de estos dulces e invita también a la gente a visitar el convento, pues en el mismo se encuentra un museo turístico abierto para visitantes y al que se puede acceder aportando un donativo de cuatro euros destinado al mantenimiento del convento.

Asimismo, otras comunidades como la del monasterio de la Encarnación se empeñan en combatir el tópico de la monja rezando continuamente y quieren demostrar que la vida contemplativa es más activa de lo que parece ofreciendo un servicio de lavandería industrial.  Cualquier persona que lo desee puede hacerle llegar ropa, manteles, mantas,… para su limpieza y planchado.

Y puestas a modernizarse, hay otras como por ejemplo las religiosas Concepcionistas de Hinojosa del Duque

que dejan a un lado la elaboración de las tradicionales pastas o dulces artesanales y están dedicadas al cuero principalmente, a la venta de artículos de cuero, lo que les ayuda a mantener el monasterio.

Y es que, como el resto del mundo, las monjas en numerosas ocasiones necesitan la ayuda de todos los fieles. Una ayuda que han palpado y siguen palpando, pues como asegura la religiosa María Dolores Domínguez, “el Señor paga el ciento por uno y es Él el que nos cuida siempre”.