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Un motor económico llamado patrimonio

By 7 de enero de 2022Tema de la semana

por Jesús Daniel Alonso Porras

Director del Secretariado de Patrimonio Cultural

En 2015 se dio a conocer un estudio de la universidad Loyola sobre el considerable peso de la Catedral en la economía de nuestra ciudad. Más allá de cifras macroeconómicas, es evidente que el patrimonio cultural de la Iglesia, material e inmaterial, supone un importante motor de desarrollo para la diócesis.

Ciertamente, además de la imponente presencia de la Catedral, muchos edificios de titularidad eclesiástica, junto a las incontables obras de arte que atesoran, como fruto inconmensurable de la fe y el tesón de muchas generaciones, constituyen el atractivo por el que numerosos turistas visitan nuestras ciudades y pueblos. Esta circunstancia conlleva un importante impacto económico en la restauración, el comercio y la hostelería.

Pero el turismo no es el único fruto que genera nuestro patrimonio cultural. Además de la ingente y abnegada labor que hermandades y cofradías realizan para enriquecer su patrimonio, permitiendo la pervivencia de oficios que, de lo contrario, habrían desaparecido, el patrimonio cultural eclesiástico genera también relevantes actividades económicas relacionadas con su identificación, protección, conservación, restauración, gestión y puesta en valor.

En efecto, directa o indirectamente, numerosos profesionales, instituciones, firmas expertas en conservación de bienes muebles, empresas de la construcción cualificadas para la conservación de inmuebles, y laboratorios especializados en estudios, productos y

tecnologías para la conservación, se benefician, como importante fuente de trabajo, del gran esfuerzo con que nuestra diócesis invierte una parte importante de sus recursos en la restauración de su riquísimo patrimonio cultural. Como ejemplo, basta visitar los talleres de restauración para percatarse de que muchas de las piezas sometidas a rehabilitación pertenecen a instituciones eclesiásticas.

De este modo, además de anunciar el Evangelio, la Iglesia cordobesa continúa desarrollando su trascendental papel no solo de creación y conservación de patrimonio cultural, sino también, y por ello, de desarrollo y progreso para nuestra sociedad.

Javier Campos

«La labor de la Iglesia es indiscutiblemente ejemplar»

Javier Campos es propietario del Restaurante Ermita de la Candelaria, entre la Corredera y la Mezquita-Catedral, en un rincón de la ciudad flanqueado por la Iglesia fernandina de San Francisco y San Eulogio y la Basílica Menor de San Pedro.

Un destino gastronómico en el esplendor del patrimonio local cuyo mantenimiento “ejemplar” atribuye a la Iglesia este empresario. Para Campos el principal templo de nuestra diócesis es un modelo de organización para la dinamización del turismo. Explica que “la labor de la Iglesia es indiscutiblemente ejemplar, puesto que el mantenimiento, conservación y horas útiles dedicadas al principal monumento turístico como es la Mezquita-Catedral no hay comparación con ninguna alternativa ni pública ni privada”, al tiempo que manifiesta su fascinación por la belleza de la Iglesia madre que expresan las piedras de la Catedral.

Este empresario valora especialmente la organización, la apuesta por la conservación y el cuidado del edificio, aspectos que extiende al programa de difusión del patrimonio que representan “La Ruta de las Iglesias Fernandinas”, una iniciativa que para Campos resume la voluntad de la Iglesia y el Cabildo-Catedral por favorecer a zonas de la capital cordobesa en la acogida de visitantes. Por esta y otras razones, Campos no duda en afirmar que “todos los cordobeses nos sentimos muy orgullosos de lo bien gestionado que está la Mezquita-Catedral”.

La labor de la Iglesia es reconocida por el sector turístico, explica este empresario cordobés impulsor del servicio de catering, “aunque la política, a veces, no lo reconozca”. Esta es una defensa que Javier Campos avala en su conocimiento tras década de trabajo en los que ha comprobado que el patrimonio es motor de desarrollo económico de la ciudad porque favorece la llegada de visitantes y eso es gracias a “la cantidad de horas de apertura del monumento como la Mezquita-Catedral: el visitante tiene muchas más oportunidades de visitar el monumento, que el segundo y tercer monumento de la ciudad”.

Falete Sanmiguel

«La Iglesia tiene un papel dinamizador fundamental»

Falete Sanmiguel es un conocido empresario cordobés dedicado a la organización de eventos empresariales y sociales con años de experiencia en el sector turístico. Manifiesta que cuanta más actividad congresual alberga la ciudad mayor dinamismo refleja el sector, algo para lo que “El Alma de Córdoba”, la visita nocturna a la Mezquita-Catedral, es muy importante y hoy por hoy se constituye como “un gran avance para la consolidación de las pernoctaciones”.

La Mezquita Catedral de Córdoba con sus miles de visitas turísticas al año “es el motor principal de la ciudad”, mantiene Sanmiguel que defiende a la Iglesia en su papel “dinamizador fundamental que las instituciones no valoran suficientemente”. El cuidado del patrimonio, el atractivo patrimonial para la consolidación del modelo turístico que persigue Córdoba, es una labor callada de la Iglesia que “los cordobeses no tienen en la cabeza, lo dan por hecho, la gente no sabe es esfuerzo que tiene que hacer la Iglesia para conseguir ese mantenimiento”, reflexiona el empresario para el que la actividad turística es sinónimo de trabajo y creación de puestos de trabajo.

Miguel Cabezas

«Miles de personas son prescriptoras de nuestro valor patrimonial»

Miguel Cabezas regenta junto a su mujer, Lola Carmona, uno de los grupos hosteleros más importantes de la capital cordobesa. Lugares tan señeros como Pepe de la Judería, Casa Rubio o la Taberna “Número Diez”, han hecho difusión permanente de la gastronomía cordobesa en pleno casco histórico, muy cera de la Mezquita-Catedral. Por eso es conocedor del influjo que las visitas turísticas al templo ejercen sobre su negocio. Este matrimonio ha participado en el programa Samaria, impulsado por el sacerdote Ángel Roldán, dedicado a promover empleo en la hostelería, una experiencia que ha permitido al matrimonio continuar con una labor social iniciada hace años.

Para ambos, que conocen bien la dimensión caritativa de la Iglesia, resulta también innegable su labor como promotora del mantenimiento del patrimonio local que consigue “poner en valor para los viajeros todo el patrimonio cultural”. Desde la Catedral-Mezquita hasta la Ruta de Iglesias Fernandinas, el matrimonio invita a “hacer un día de cicerone con familiares o conocidos que vienen a visitarnos, para apreciar el cuidado con mayúsculas que se hace día a día”. Una puesta en escena que para ellos es una ofrenda al mundo “de lo hermoso, lo bello, en el que la mezcla de culturas adquiere una perspectiva envidiable y para nosotros, para presumir”.

Durante los veintisiete años de aventura empresarial de Lola y Miguel, han venido observando el trabajo de conservación que la Iglesia lleva a cabo, “gracias a esto, millones de personas han hecho de prescriptores de nuestra Córdoba, esto hace que la ciudad tome posicionamiento muy alto en cuanto a las preferencias por visitarla”, aclaran.

Este reconocimiento es extensivo a los cordobeses que cada día comprueban “esa gran labor de cuidado y mimo de nuestro Patrimonio por parte de la Iglesia”, en este sentido, Lola y Miguel puntualizan que “quizá haya que comunicarlo más a la sociedad cordobesa y española en general”, para ello señalan la catequesis como medio para que los más pequeños comprendan la labor de custodia y mantenimiento que realiza la Iglesia cordobesa.

Esta incansable labor de difusión de los valores artísticos que realiza la Iglesia tiene para Miguel y Lola una prolongación en “la parte más humana” que se concreta en Cáritas. Para ellos “toda España y Córdoba en concreto, sabe que Cáritas ha sido y es el brazo alargado que acaricia y mima a todas esas personas desfavorecidas”. La caridad es una necesidad “en una sociedad falta de liderazgo y falta de valores” y ellos dan fe de cómo millones de personas se benefician de un gran trabajo de la Iglesia-Cáritas que siembra de esperanza, trabajo y formación.

Jhon Mcelyea

«Es el patrimonio lo que hace a una ciudad ser turística»

John tiene un arraigado compromiso social desde su paso por las cocinas de Martín Berasategui donde pudo leer un día “sé amable y comerás cada día”. Este mensaje ha sido la guía de una labor social que en su caso se materializa en la formación ofrecida a través de su buque insignia, el restaurante Macsura, centro para la profesionalización de chicos en el sector hostelero.

Su implicación social lo anima a reconocer el privilegio de asentar su negocio en una ciudad con gran legado patrimonial, una clara ventaja frente a otros destinos turísticos que John relaciona con la labor de la Iglesia en su labor de mantenimiento. Para este empresario con negocios de hostelería también en la provincia ”la labor de la Iglesia es fundamental ya que el Patrimonio en Córdoba esta intrínsecamente relacionado con el turismo, con lo que nos repercute a todos los que dependemos de este sector de manera positiva”. Una certeza que para él debería difundirse más porque “al final es el patrimonio de Córdoba, lo que la hace una ciudad tan atrayente al turista”.